martes, 14 de marzo de 2017

Rutilio Grande: cuarenta años


Tres Cruces. Monumento en el lugar del asesinato

El pasado doce de marzo se conmemoraron 40 años del asesinato del jesuita Rutilio Grande y sus dos acompañantes. Fueron emboscados en el camino que conduce desde Aguilares hacia el El Paisnal. Rutilio fue el primero de una serie de sacerdotes asesinados en una sociedad de amplia (quizá no profunda) religiosidad cristiana. Un cristiano entre una serie de catequistas, hermanos y hermanas, sacerdotes y el arzobispo Romero, que desde una fe comprometida luchaban por el cambio social.
Las tareas desde una fe comprometida siguen a la orden del día. Las graves injusticias estructurales siguen presentes si bien de distinta forma, prevaleciendo la polarización, la conciencia menguada sobre los derechos del prójimo, la fragmentación del movimiento social y la desvinculación de la fe con la realidad.
Me ha encantado ver el centro del pueblo lleno de gente, la mayoría alrededor del parque con la misa, otras visitando la tumba dentro de la Iglesia, otras deambulando porque no había para donde. Me contaba el Chele, un viejo amigo que encontré por ahí: “Aquí en este lugar había en aquel tiempo una tienda. Vinimos buscando agua y no nos quisieron vender. Nos pincharon las llantas del carro. Habíamos venido a enterrar a Rutilio. Por eso me agrada ver ahora tanta gente”.
Es curioso también cómo la prensa nacional escrita ha hecho escaso eco de los sucesos del cuadragésimo aniversario (no pude ver televisión aquel día de modo que no sé si reportaron algo, si bien encontré algunos vehículos presentes). Es que el suceso sigue siendo tremendamente subversivo y por eso es mejor callarlo. Imaginemos que todos aquellos que profesan una fe la pusiesen al servicio de la justicia del Reino de Dios. Eso haría temblar a los poderosos, de derecha y de  izquierda.
En contraste, la muerte del General Carlos Humberto Romero llenó los titulares de los medios de comunicación. Incluso recibió honores de jefe de estado en las exequias, aprobado en la Asamblea Legislativa con los votos del FMLN. El General Romero era, en el momento del asesinato de Rutilio, ministro de la Defensa de la presidencia del Coronel Arturo Armando Molina. Al final de la presidencia de Molina, asumió el General Romero la presidencia después de unas elecciones más amañadas  que partido de la FIFA. El General Romero fue  el último de los militares presidentes desde que las Fuerzas Armadas se hicieron del poder del estado en 1932 con el General Maximiliano Hernández Martínez.
Vaya pues la conmemoración encaminada a la búsqueda de la verdad, a la renovación de la Iglesia para no olvidar que el evangelio está al servicio de los pobres y que la fe, para ser verdadera fe, ha de estar comprometida en la lucha por la justicia.