lunes, 23 de enero de 2017

Las vicisitudes del diálogo: ¿por qué ahora?

Resultado de imagen para abismoEn 1984 el entonces presidente Duarte lanzó en la sede de Naciones Unidas una invitación al FMLN para iniciar el proceso de diálogo. Sorprendió tanto el ofrecimiento de Duarte como la rápida aceptación de parte del FMLN. “Hay que preguntarse qué hay tras ese ofrecimiento y tras esa aceptación” escribió I. Ellacuría en un documento de 1984 titulado “Las primeras vicisitudes del diálogo entre el gobierno y elFMLN – FDR”.
En los últimos días no ha sorprendido tanto que el Presidente Sánchez Cerén haga el anuncio del nuevo proceso para lograr unos “Acuerdos de Paz de Segunda Generación”. Era algo que se venía anunciando. Más ha sorprendido el llamado al diálogo que la MS ha hecho público según la nota de  El Faro,  así como la rápida adhesión de los Sureños de la 18. No ha sido sorpresa la posición oficial Gubernamental, especialmente la negativa contundente de la PNC y del Ministerio de Justicia. Sí es sorprendente que aparezcan actores conocidos que han expresado su rechazo al proceso (de la Tregua de 2012, de posibles  diálogos y de posibles negociaciones) y ahora aparecen como gloriosos abanderados del diálogo.
¡Incluso Mari Carmen Aponte se ha pronunciado! Exembajadora en El Salvador y actualmente ¡Secretaria de Estado Adjunta en funciones!, por no mencionar a políticos prominentes de derecha, están abriendo la puerta al diálogo. Esto es algo encomiable y probablemente digno de ser apoyado, el llamado al diálogo… pero ¿no parece raro que una funcionaria de EEUU, que declaró a la MS como organización terrorista transnacional ahora aparezca como proclive al diálogo? Eso debería ser indicio suficiente como para  analizar mejor lo que está pasando, porque efectivamente las cosas dan qué pensar.
Desde el destape de la tregua de 2012 que desarrolló en todos los niveles una voluntad adversa al diálogo con las maras y pandillas, se recrudeció progresivamente también las opciones manoduristas represivas mientras hipócritamente se buscaba contactar y negociar con los líderes de las pandillas en un esfuerzo politiquero en el contexto electoral.  EEUU advirtió severamente sobre su inconformidad del uso de fondos de cooperación para cualquier esfuerzo de rehabilitación de pandilleros. Diversos actores políticos, religiosos, civiles frenaron su voluntad para empujar un proceso que llevara a frenar la vorágine de violencia… ¿Por qué ahora esta repentina conversión a la cultura de paz?
No se me malentienda. Soy favorable a buscarsoluciones sociales y pacíficas a los problemas sociales. Pero es necesario entender la violencia para prevenirla, así como entender el fenómeno de las pandillas para buscar soluciones sociales, así como procurar las condiciones claras para un proceso digno de diálogo. El proceso no puede ser de cualquier modo ni por cualquier pretexto ni muchos menos oportunista.
No parece que haya en lo inmediato posibilidades reales de diálogo desde el punto de vista de la correlación de fuerzas, a menos que se interprete el llamado al diálogo como una bandera blanca. La percepción general, propia de la Policía y del Ministerio de Justicia, es que van ganando la batalla. ¿Por qué ahora bajar las armas para dialogar? A lo más podría discutirse una rendición.
Hay que insistir en la necesidad de construir soluciones en base al análisis sensato y la comprensión real de las cosas. Sin duda existe en las maras y pandillas gente con una carga delictiva importante. Ya en 2012 ellos mismos tenían claro que cualquier acuerdo no iba a basarse en la impunidad, puesto que los que tenían cuentas pendientes, debían enfrentar el proceso respectivo. Lo que más interesaba era como conciliar el hecho que origen de las pandillas está en las condiciones de exclusión y humillación de las mayorías y que por tanto, enfrentar el problema de la violencia y las pandillas significa favorecer estrategias de inclusión y dignificación de las personas. No se puede responder sólo con el Código Penal en la mano. Un buen proceso de diálogo debería tener así mismo los pies bien puestos sobre la tierra y gravitar menos en un encuentro de élites y dirigentes, lo que no se opone a mesas nacionales. Pero debe privilegiarse el encuentro en el territorio donde las comunidades puedan transparentemente conducir los procesos locales de entendimiento de inclusión de los ofensores, así como el resarcimiento de las víctimas. Es ahí donde podemos romper el ciclo de víctima – ofensor impidiendo la reincidencia del ofensor y la conversión de la víctima en ofensor por el ánimo de desquite.

Hay que impulsar el proceso de diálogo. Creo que sí. Pero hay que  tener cuidado quién lo ofrece y quién se ofrece. No vaya a ser que por correr derramemos la leche. Lo que no puede ser es que los que interrumpieron hace cinco años un proceso, con sus sombras, sí por supuesto, pero que podía dar de sí, ahora se muestren favorables al proceso por puros intereses políticos. Si vamos a hacerlo, vamos a hacerlo bien.

jueves, 19 de enero de 2017

La paz de las élites

Resultado de imagen para victimas salvador guerraPasó el vigésimo quinto aniversario de los acuerdos de 1992 que dieron fin a la guerra civil en El Salvador, este pasado lunes 16 de enero, sin pena ni gloria. Quizá debamos corregir esta declaración. El conjunto de las actividades entre declaraciones, concierto y actos gubernamentales tendió a proyectarse como un acto glorioso: ¡veinticinco años! Sin embargo, esos gloriosos momentos parecieron limitarse al gozo de las élites políticas y económicas. Y, desde el punto de vista de lo que ha de significar la paz en cuanto a bienestar de todas y todos, comenzando por los pequeños, los débiles, los pobres, las mayorías populares, la ocasión deja mucho que desear.
Para las mayorías populares el 16 de enero tendió a estar más bien desprovisto de impacto, con una salvedad: había una cierta tendencia a quitarle puntos a la “celebración” mientras se insistía en la necesidad de conmemoración. Víctimas, la justicia pendiente, los cambios significativos, las deudas por cumplirse…
Sin embargo es curioso cómo las élites celebraron e incluso parecen dispuestas a unos nuevos acuerdos de segunda generación. Esta iniciativa es absolutamente necesaria de ser tomada en serio, siempre y cuando no quede en manos de las élites. Las élites políticas del entonces 1992, que casi vienen a cuadrar con las actuales, alcanzaron importantes acuerdos, pero obviaron algunos. La amnistía y la procuración de justicia es uno de ellos; actualmente, a pesar del fallo de la Sala de lo Constitucional de 2016, no parecen estar dispuestas las élites políticas  a la procuración de la justicia debida y casi puede decirse alcanzaron un pacto.
En lo económico-social, las élites acordaron “no hacer olas” en el ámbito de los grandes problemas que afectan a las grandes mayorías. Los cuatro gobiernos de ARENA impulsaron medidas económicas que profundizaron progresivamente la exclusión. Los siete años de gobierno del FMLN no has podido asentar cambios irreversibles de carácter estructural y de gran impacto para las mayorías. ¿No hay correlación? Tampoco parecen entusiasmados por batallar por una correlación política que les favorezca. El resultado: las élites se conforman con administrar las diferencias, defender las comodidades alcanzadas (para sus respectivos partidos)
Cualquier esfuerzo de diálogo y formulación de nuevos acuerdos para alcanzar la paz deberá procurar romper esta visión elitista de los procesos que suelen tener organismos, institutos políticos y organizaciones que se arrogan la representación de la sociedad civil. El problema es que “el pueblo bajo, municipal y espeso”, como  describe Rubén Darío en un poema, se encuentra fragmentado orgánicamente y con una visión limitada. Un esfuerzo importante ha de concentrase en lograr lo que Ellacuría quería: “que el pueblo haga oír su voz”. A ver si las élites entienden.

viernes, 13 de enero de 2017

25 años de los acuerdos del 92

Resultado de imagen para acuerdos paz salvadorEl próximo lunes 16 de enero El Salvador celebra 25 años de los acuerdos del 92 y del fin oficial de la guerra civil, normalmente conocidos como “acuerdos de paz”. Evito usar este último término porque 1992 no fue precisamente el inicio de un período de paz, sino de fin de la guerra. Posguerra propiamente dicho. Nuestra condición económica – política y social nos muestras que no necesariamente vivimos “en paz”. Corresponde esta visión a la clásica distinción entre “paz negativa” (no hay guerra) y “paz positiva” (no hay guerra y hay mayor justicia y reconciliación).