jueves, 30 de junio de 2016

¿Diálogo?: sí, pero no de cualquier manera…



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Portada del album The Division Bell de Pink Floyd. La canción Keep Talking recoge al inicio la voz de Stephen Hawkings diciendo: "durante miles de años, la humanidad vivió igual que los animales; luego ocurrió algo que desató el poder de nuestra imaginación: aprendimos a hablar...". En otro momento agrega la misma voz de Hawkings: "... no tenía porque ser así; todo lo que tenemos que hacer es, seguir hablando"

Uno de los principios fundamentales de cultura de paz es echar mano del diálogo para resolver los conflictos. Hay por tanto una intencionalidad para los cual se exige cierta responsabilidad mínima, en la medida que abordar los conflictos supone encaminarse no sólo al respecto de las diferencias, sino también supone la construcción de relaciones de respeto y justicia.

Es curioso sin embargo, cuando lanzamos una mirada rápida a nuestro pasado inmediato, algunas veces decimos sí al diálogo, otras veces decimos no. Facto conveniencia. Pero también parece que nos puede bastar con cualquier referencia al diálogo. Y sin embargo, el diálogo, sin que se vuelva una cuestión de expertos (que los hay) requiere ciertas condiciones específicas para las que probablemente no estemos acostumbrados salvadoreños y salvadoreñas.

Cuando he desarrollado en diversos talleres, ponencias o exposiciones o charlas he hecho una pregunta: “¿cuál es la mejor manera para resolver los conflictos?” Casi al unísono inmediato campesinos, sindicalistas, técnicos de ONG, maestros, funcionarios gubernamentales, empresarios, académicos, etcétera, han respondido “¡El diálogo!”. Pero en realidad, no procedemos así. Casi siempre elegimos algún tipo de procedimiento oscuro (desde el complot a la demanda) o algún tipo de ejercicio de fuerza hasta llegar, si se considera necesario, al uso de la violencia.

Esto pasa normalmente porque en alguna parte “aprendimos” a responder automáticamente, en realidad, ni visceral ni racionalmente nos creemos eso del diálogo. Y cuando lo creemos, que ciertamente hay quienes creemos en ello, las más de las veces no estamos listo para ello por dos razones básicas. Por un lado, no estamos acostumbrados a dialogar. Sí, el intercambio de puntos de vista requiere cierta sensibilidad que se va ganando con el tiempo. Todos en algún momento hemos experimentado el intercambio con nuestro opositor… las más de las veces nos mordemos la lengua, nos moderamos o nos refugiamos en el silencio. Si no estamos preparados, la cosa podrá terminar peor de lo que estaba.

Por otro lado, se requiere cierta técnica, cierta metodología. No se trata como dije antes, de hacerla cosas de expertos. En la confrontación, estar “frente a frente con” hay cosas que tomar en cuenta, ocasión, maneras, preparación previa… con mayor razón cuando se trata de abordar problemas más espinosos o complejos, si se trata de convocar a grupos y de moderar razones y afectos. Sí, se requiere cierta metodología.

Pero es más, se requiere cierta ética. Esto es una perogrullada, puesto que para todo necesitamos cierta ética. Cualquier supuesto diálogo no debe ser usado para sacar ventaja del más débil. Esto suele ser común en la práctica de la política partidaria en tanto antesala de negociaciones marrulleras de tomar y dar más allá del bien común de las grandes mayorías. Suele también fallar el diálogo ahí donde hay una mesa dispareja, en la medida que si no están transparentadas las condiciones y procesos, el supuesto diálogo fácilmente se transforma en una justificación de las posiciones del poderoso.

Frente a problemas delicados, por ejemplo la violencia, la opinión  cuando no va acompañada del debido sustento fácilmente es ideologizable y conduce a toma de decisiones, como por ejemplo medidas específicas contra la violencia, pero que al no tener sustento formal, se vuelven ineficaces. Es lo que ha pasado en los últimos diez años a la hora de buscar salidas a la violencia.

Pero es el caso también de más de algún esfuerzo de diálogo con pandillas. Es claro que tanto la izquierda como derecha entraron en diálogo con las pandillas. Sin embargo, su intencionalidad política en un contexto de elecciones invalida el proceso específicamente como diálogo en la medida que no se trata correctamente (componente ético) de resolver un problema fundamental de país, sino de aumentar caudal de votos.

Diversos grupos y sectores enarbolan la bandera de diálogo. Esperamos que sea para el provecho de las mayorías excluidas del país.