viernes, 20 de mayo de 2016

Promover la cultura de paz es impulsar el diálogo

Resultado de imagen para impulsar dialogoEsa declaración puede fácilmente volverse escandalosa e incluso subversiva. Pero es necesario, para los que creemos y trabajamos en este área temática, proclamarlo. Es cuestión de coherencia. No puedo estudiar, analizar y promover construcción de paz y luego promover soluciones armadas, violentas, represivas.
Este mes ha sido intenso en la coyuntura nacional por lo que parece, entre varias cosas, un intento de criminalizar la búsqueda de alternativa para la reducción de la violencia en El Salvador. Estoy trabajando en un análisis más largo, de carácter ético - político sobre el proceso de diálogo. Aqui ha sido muy sugerente y actual un escrito de Ellacuría que invito a  leer
Este día compartí con unos 40 directores de las Casas de la Cultura, que dependen de la Secretaría de Cultura, que están en los municipios priorizados en el plan de prevención del Gobierno Central. La invitación era para compartir el planteamiento de cultura de paz. Inevitablemente no puede ocultarse el hecho que promover la cultura tiene poco que ver con festivales artísticos culturales, sino al contrario, se trata de promover el diálogo. Dejado caer el asunto en mi presentación, me agrado ver que fue acogido críticamente el planteamiento: "entonces -- decía uno de los gestores culturales  presentes -- tenemos una contradicción entre lo que parece ser la política oficial y lo que como cultura de paz deberíamos estar haciendo". Pués sí. Pero más allá del hallazgo mismo, más importante es cómo vamos a proceder siguiendo un intento de ser coherentes. Les comparto la PPT que trabajé.
En esta misma línea, sumamente interesante la entrevista que este día Publica el Faro con Adam Blackwell a propósito del proceso de pacificación de 2012 que invito también a leer. Pero más allá si Funes o no Funes, si el General o no el General, si oscuro este personaje o el otro, le pregunta el Faro si no ve otra alternativa que no pase para el diálogo. La respuesta de Blackwell debe resonar fuerte: 
"Pueden matar a todos los pandilleros. Si ese es el tipo de país y la reputación en el mundo entero que los salvadoreños quieren para su país, pues adelante, pero no creo que esa sea la solución. Cuando hablamos de los pandilleros, estamos hablando de la juventud salvadoreña, de personas, de seres humanos. Y la idea es reducir los daños, la idea construir una sociedad mejor"

lunes, 9 de mayo de 2016

Masacres e impunidad: miradas hacia el pasado y el futuro

Este viernes 6 de mayo un conjunto de organizaciones de derechos humanos como Pro-Búsqueda, Tutela Legal María Julia Hernández y el Instituto de Derechos Humanos de la UCA anunciaron la publicación de documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA) en un esfuerzo del Center for Human Rights de la Universidad de Washington. Los documentos están  la vista en www.unfinishedsentences.org
Los documentos vienen a corroborar y respaldar demandas contra el Estado y las Fuerzas Armadas en El Salvador por abusos y violación de derechos humanos cometidos durante la guerra civil. Las resoluciones de CIDH sobre el caso de la Masacre de El Mozote son ampliamente conocidas. A ello pretenden sumarse otras masacres frente a las que los actores relacionados no asumen responsabilidad alguna. Con los documentos que ahora se hacen públicos masacres como la de Santa Cruz y La Quesera de los años ochenta, que todavía falta que el Fiscal General proceda en su investigación y judicialización, por lo menos quedan evidenciada su historicidad al ser recogidos en documentos oficiales de la CIA.
Nuestro pasado mediato e inmediato registra masacres históricas. Ya decía Roque Dalton que “todos nacimos medio muertos en 1932”. Más de treinta mil muertos pertenecen a ese acontecimiento represivo. La guerra civil de los años ochenta contabilizó más de 80 mil muertos a los que hay que agregar los desaparecidos de antes y durante la guerra civil. Para los últimos diez años, entre el 2005 y el 2015, se han contabilizado más de treinta milmuertos de eso que llaman violencia social a los que habría que sumar los muertos de los últimos doce meses que pasan por ser los más sanguinarios del período. Este momento actal es también un período con masacres. Y tanto en el pasado como en el presente, son los pobres y excluidos los que siguen muriendo.
Reivindicamos la memoria de los muertos. Sea donde sean. Los hayamos conocido o no. A fin de cuentas como decía Mohandas Gandhi, “todos los hombres son mis hermanos”. Exigimos justicia,  cese de la impunidad y, siguiendo la declaración de las Naciones Unidas sobre Cultura de Paz,  renunciar a la violencia y resolver los conflictos por medio del diálogo.

En los años 30 los muertos fueron indígenas, en los años 70 los muertos fueron subversivos. En la actualidad son pandilleros y policías, fundamentalmente jóvenes. ¿Qué tienen que ver unos con otros más allá de la diferencia en el tiempo? Los pobres y excluidos son los que mueren siempre.

viernes, 6 de mayo de 2016

Proteger a los que impulsan el diálogo y la mediación




Resultado de imagen para nietzsche pazGris y/o imperfecto, aquel proceso de pacificación mediación o tregua entre pandillas ha terminado por criminalizarse a actores específicos que buscaban jugar un rol en la búsqueda de salidas alternativas a la violencia y la delincuencia. Como bien apunta Adam Blackwell de OEA, en realidad “sólo hay un asunto: ¿cómo podemos proteger a los individuos, que con razón o sin ella, han asistido en el desarrollo de enfoques alternativos para tratar de resolver un problema de largo tiempo: la violencia de las bandas [maras] en El Salvador” (las negritas son del original, las cursivas son mías).En medio de todo estoy hay infinitud de preguntas que pueden hacerse. Enumero sólo algunas antes de comentar lo que realmente está en el centro de la problemática. ¿Por qué la insistencia de criminalizar la tregua o proceso de pacificación? ¿Por qué priva la hipocresía política frente a los diversos posibles esfuerzos de diálogo? Es curioso como los más opositores se nutren de pureza con una mano mientras estiran con la otra acercamientos, las más de las veces viciados de politiquería. ¿Por qué centrarse sólo en ciertos actores que pasan por ser convertidos en demonios, mientras otros parecen estar ausentes de los procesos?
De fondo, más allá de los supuestos delitos incurridos en ese período de tiempo denominado tregua por los actores específicos, hay otros elementos esenciales que no podemos dejar pasar desapercibidos. Esto es  en parte una reedición del proceso contra Antonio Rodríguez con lo que parece ser una velada pretensión de desvirtuar procesos alternativas al proceso de la violencia. Ese para mi es la principal consecuencia alrededor de este proceso. Una intencionalidad que implica diversas acciones desde hace algunos meses atrás.
No deja de resonarme aquí el típico análisis ético – político que Ignacio Ellacuría hacía a propósito de las vicisitudes del diálogo. Para algunos es una necedad y estupidez el pensar en caminos alternativos, en el diálogo y los proceso de mediación, negociación. El problema fundamental no es sólo de principios, sino también de las consecuencias operativas de las decisiones políticas. Cerrar las puertas a alternativas significa endiosar la política del exterminio y manoduristas, con el agravante fundamental, al menos desde mi análisis que eso no resolverá el problema de la violencia y el crimen.
Si en realidad nuestra opción es a favor de una cultura de paz esto supone recurrir inexorablemente al diálogo. Lo otro es optar por reforzar una cultura de la violencia. Pero estamos criminalizando esta opción y ejerciendo presión para intimidar a las personas que trabajan en esta dirección
Efectivamente, hay un número importante de instituciones, entre iglesias y organizaciones gubernamentales, que no sólo creen o intentar creer en el diálogo y la construcción de paz, sino también desarrollan programas de reinserción, rehabilitación o reintegración de juventud que en algún momento perdió el camino. Pero con las medidas que se toman y los hechos que se suceden, nos encaminamos por cerrar todas esa puertas para quedarse silenciosamente contemplando (o aplaudiendo) lo liquidación de los problemas sociales por la vía de la violencia. Eso es apocalíptico.
Por tanto, ¿cómo protegernos mutuamente los que pretendemos aferrarnos a nuestros principios de cultura de paz? ¿Cómo defender los derechos humanos de los luchadores de derechos humanos? ¿Cómo vencer el miedo de denunciar o del proceder creativamente ante el mal?
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