viernes, 22 de abril de 2016

¡Día de la Tierra!

¡Un nuevo 22 de abril para celebrar el día de la Tierra!... mientras pasamos el resto de los 364 días del año despotricando contra ella…
Este suele ser el día de las “recomendaciones”… como dice nuestra Ministra de Medio Ambiente: “no se bañe o si se vaya, báñese en pareja”… los grandes consejos de los consumidores esquistos de papel dedicado a publicidad barata de los Medios de Comunicación impreso: “use papel reciclado” o “use bolsas de plástico biodegradable”… y cosas así. 
En serio: si no tomamos medidas ligeramente serias, nuestro país se consumirá. Y digo ligeramente serias porque sido pienso en las profundamente serias, la gente se asusta. Se me ocurren algunas cosas:
1. Aprobar hoy una ley de aguas decente que proteja la poca agua que nos queda, que no se reduzca a negocio, que priorice la gente, que piense en el agua como un derecho humano.
2. Imponer algún tipo de carga a las empresas y personas que producen basura en exceso. Cierto, es nuestra gente la que tira basura (la bolsa o la botella de agua, los desechables, etc.). Debemos producir y consumir menos plástico.
3. Generar los incentivos para la producción de energía de fuentes que no desgastan la naturaleza, especialmente la que proviene de la luz del sol. Así dependeremos menos de la producción por combustible fósil o del inevitable daño ecológico en la construcción de una hidroeléctrica.
4. Definitivamente prohibir la minería metálica… hasta ahora convivimos con la posibilidad de la explotación e inexplicablemente (¡!) las autoridades competentes no la prohíben definitivamente.
5. Remediar la captación de aguas lluvias para la infiltración promoviendo más las áreas verdes y hacer más costosas las grises. No es posible que una idea de des-arrollo arrolle la naturaleza. ¿Por qué es menos fresca (más caliente) Santa Tecla – Antiguo Cuscatlán? ¿Por qué las inundaciones aguas abajo (La Vega)? ¿Por qué los pozos se están secando? ¡El desarrollo inmobiliario Gran Vía – Las Cascadas – Multiplaza generó un daño ecológico irreversible! ¡Y no lo remediaremos regalando diez mil arbolitos!
6. Proceder a la reforestación masiva forzada me atrevería a decir… es que no hemos caído en la cuenta que estamos al borde del desastre ecológico (o ya hemos comenzando a caer)… la crisis del agua no es gratuita y si bien un componente es la administración (durante décadas nunca ha faltado agua en ciertas zonas que gozaban incluso de cisterna y piscina, mientras Soyapango o Apopa se jodía), el asunto es fundamentalmente ecológico. Debe obligarse a los propietarios de inmuebles rústicos a arborizar y a los vecinos a tener al menos un árbol.
7. Definitivamente dotar de un sistema público de transporte digno y amigable con el medio ambiente que disminuya la flota vehicular y favorezca el uso de la bicicleta por ejemplo.

miércoles, 20 de abril de 2016

¡Cultura de paz! ¿Para qué?

Resultado de imagen para convertiran espadas arados imagen pazEs un término que suele endulzar muchos discursos políticos y oenegés. Suele ser un término muy mal entendido y fácilmente manipulable. “Cultura de paz” suele ser usado de tal modo que incluya todo lo que se te ocurra o suele ser un usado reduciéndolo a festivales artístico – culturales. En ambos casos se desnaturaliza lo que es “cultura de paz”. Esto no quiere decir que cultura de paz no tenga nada que ver con el arte, como un medio de desarrollo humano, pero no puede reducirse a ello; tampoco quiere decir que no sea un concepto integrador de las múltiples facetas de la humanidad. Pero tanto la reducción y la generalización corre el peligro de malentender las cosas y manipularlas fácilmente.
De modo que siempre debe tomarse un punto de referencia. Este punto de referencia es la ResoluciónA/RES/52/13 de las Naciones Unidas. Cierto: el universo de voluntades y documentos de Naciones Unidas no ayuda mucho y más bien enreda. A la Resolución 52/13 (en la que me centraré aquí) siguió luego la Resolución  A/RES/53/243  (de octubre de 1999)  que contiene la “Declaración sobre una Cultura de Paz” y luego la A/60/L.5 (de octubre de 2005)  que versa sobre el Decenio Internacional de una cultura de paz y noviolencia para los niños del mundo 2001-2010”. Y por supuesto hay otras resoluciones.
Por supuesto, al mar de documentos hay que agregar la diversidad de voluntad política de las naciones ante un concepto que en sí es subversivo (Mis disculpas, pero la “paz” es por sí un concepto subversivo…) porque cultura de paz implicaba al menos hacerse la pregunta ¿qué hacemos con los ejércitos y el arsenal nuclear?. En fin…
Pués bien, en contraposición a una cultura de la violencia, cultura de paz, significa esencialmente una cultura que involucra valores, actitudes y comportamientos que
(1) rechaza la violencia,
 (2) se esfuerza  en prevenir los conflictos atendiendo sus causas profundas y
 (3) tiene como meta resolver lo problemas a través del diálogo y la negociación
“Esencialmente” significa que pueden incluirse más cosas, adobarse o colorearse de un modo, pero no pueden faltar ninguno de esos tres elementos. Fácilmente elevamos el discurso de cultura de paz, pero nos armamos o recurrimos a la violencia para resolver los conflictos, mientras renunciamos a cualquier posibilidad de diálogo.
En diversos talleres, encuentros y seminarios suelo lanzar una pregunta “¿cuál es la mejor manera de resolver los conflictos?”. De los diversos públicos (campesinos, estudiantes, funcionarios gubernamentales, técnicos de ONG, etc.) suelo recibir una respuesta al unísono: “¡El diálogo!” La realidad nos indica otra cosa: optamos por los medios violentos. Las explicaciones para esto son diversas. Por un lado, hemos normalizado la violencia y nos alimentamos de una cultura de la violencia (por eso no entiendo cómo es que personas de “valores cristianos” digan “encérremolos a todos y los quemamos; así se acaba el problema”)… por otro lado, sabemos la respuesta, pero nunca nos han enseñado ni ejercitado el diálogo… eso es una tarea pendiente para trabajar desde la educación primaria.
Y  bueno, tenemos que desarrollar las destrezas para el diálogo como la manera de resolver los conflictos, mientras nos comprometemos a abordar los conflictos desde su raíz (eso es lo que se llama técnicamente transformación de conflictos)… pero comencemos con lo más sencillo (aparentemente más sencill): renunciar a la violencia.

¿Podemos deponer las armas? ¿Buscamos otros mecanismos para enfrentar las diferencias? ¿Cómo ayudamos a aquellos que cayeron en la adicción de la violencia? ¿Cómo deconstruir el uso de la violencia para tapar mis debilidades, vacíos y traumas? ¿Cómo entender y vivir una masculinidad distinta que no recurre a la violencia para demostrar su hombría?
Como imagen de la paz, me gusta más que la típica paloma, la metáfora bíblica de las espadas convertidas en arado.

martes, 19 de abril de 2016

Rehabilitar al Ofensor, atender a la Víctima (4)

Resultado de imagen para klee necesidad victimasNecesidades de las víctimas
En general, el ofensor suele no ser más que una víctima cuya situación no fue atendida adecuadamente. La víctima no atendida, no es más que un ofensor en potencia. 
Fundamentalmente, desde el enfoque de Justicia Restaurativa, especialmente de la experiencia de la Mediación Víctima – Ofensor, se reconocen necesidades tanto para la víctima como para el ofensor. Las necesidades, distintas pero relacionadas con los derechos (iremos a ellos enseguida), tanto de la víctima como del ofensor, son así mismo claves en la construcción de sociedades reconciliadas e integralmente sanas. En cuanto nos interesa hacer justicia y sanar el trauma, las necesidades identificadas son esenciales puesto que apuntan a la profundidad de la dignidad de las personas y son de hecho, base de los derechos.
Históricamente ha sido preocupación atender estas necesidades esenciales lo que ha dado paso a su expresión como derechos de las víctimas. Esto es importante señalarlo puesto que no debe perderse de vista que lo esencial es en todo caso, el fondo que expresa la necesidad por sobre su posible expresión jurídica. Es más, muchas de las necesidades identificadas vienen precisamente de la experiencia ante un sistema de justicia que suele ignorar a las víctimas (1).

Cuando una persona se convierte en víctima, en tanto percibe vulnerada su dignidad como persona emergen tres tipos de necesidades esenciales, interrelacionadas entre sí:

a. Seguridad y garantía de no repetición. La persona vulnerada necesita ser protegida en lo inmediato, así como debe procurársele las condiciones para recuperar su sentido de tranquilidad ante la vida, lo cual ha de incluir una garantía de no repetición de los hechos que le vulneraron.

b. Empoderamiento. El efecto del daño en la persona vulnerada se expresa como pérdida del control sobre la propia vida y el entorno a su alcance. La persona necesita (re)empoderarse y recuperar su sentido de pertenencia expresando su propia historia, asumiendo cierto control positivo  y haciéndose partícipe del proceso. Es recuperar la palabra y la presencia en el mundo (2)

c. Vindicación. Las personas que han sufrido necesitan reestablecer su relación con su entorno (interpersonal y comunitario) lo cual incluye reestablecer un balance en la línea de justicia, haya sido o no clara y procesalmente definido un ofensor. Esto puede adquirir la figura de desquite o venganza, usualmente por medios violentos, contra sí mismos o contra otros (contra el ofensor si puede ser identificado y culpabilizado), pero también como restitución respecto de su condición original perdida (en su responsabilidad o culpabilización): de lo que tenía, hacia o era e incluso de su misma conciencia de víctima. Dicho de otra manera, las personas necesitan liberarse de la carga de la victimización.

Ha de tomarse en cuenta que en términos de los usuales sistemas de justicia, estas necesidades no suelen ser atendidas y las personas que han sufrido daños en virtud del delito y/o la violencia, siendo normalmente marginadas por el sistema, tienden a convivir real y virtualmente con la inseguridad, la impotencia y con un sentido retributivo de la justicia con una doble consecuencia.
Por un lado, el proyecto de vida, por precario que fuese concebido queda truncado sin posibilidad de reestablecerse mientras, por otro lado, se contribuye con la visión retributiva de la justicia que encuentra en la violencia la manera de resarcir los daños.   
Por tanto, el diseño de un marco de atención de víctimas debería poder tener en sus términos el conjunto de necesidades y derechos a fin de poder eficazmente responder a la configuración del daño realizado y no se convierta nada más en una limitada acción de primeros auxilios, sino contribuya con la construcción de una sociedad psico-socialmente saludable, justa y pacífica.



1. Cf. Handbook on restorative justice programmes, UNODC, New York, 2006, p. 36ss; B. Cook, F. David and A. Grant, Victims´Needs, Victims´ Rights: Policies and Programs for victims of crime in Australia, Australian Institute of Criminology Research and Public Policy Series, n. 19, 1999, p. 45ss; Howard Zehr, The Little Book of Restorative Justice, Good Books, 2003 p. 12ss
2. La expresión es apropiada, incluso en términos de antropología filosófica. El punto grave es como recuperan la palabra aquellos que nunca la han tenido y cómo recuperan su presencia en el mundo aquellos que han sido excluidos. De ahí que efectivamente se trata de escribir y empoderar desde los reversos de la historia. Cf. L. Monterrosa, Pandillas, Juventud y violencia: una experiencia y sus lecciones desde el enfoque de justicia restaurativa, San Salvador, 2006 (disponible en www.justiciarestaurativa.org )

miércoles, 13 de abril de 2016

Rehabilitar al Ofensor, atender a la Víctima (3)

Dinámica Víctima - Ofensor
Tendemos a vivir en un mundo polarizado y dualista. Consecuencia de esto creemos que el mundo se divide entre Víctimas y Ofensores. El Ofensor merece todo el peso del castigo y entre más fuerte, más doloroso, mejor. Esto toma diversas expresiones: incremento de penas, oprobiosas condiciones carcelarias (que para nada intentan rehabilitar), ejecuciones sumarias, etc. Por otro lado, prolifera el discurso por las Victimas, pero nadie las atiende y en nombre de ellas se cometen también atrocidades (normalmente contra el Ofensor) y nos negamos incluso a discutir posibilidades.
Lo que se escapa para muchos es que hay una dinámica subyacente a la relación Víctima - Ofensor: la Víctima de hoy es el Ofensor de mañana, si no se le atiende adecuadamente; el Ofensor de hoy es una víctima de un Sistema que excluye, denigra y se mantiene impune.
Este es precisamente el sentido de lo que suele entenderse poco y mal: la prevención terciaria. Para mucha gente, incluso supuestos especialistas y profesionales, no vale la pena trabajar prevención terciaria: es gente que ya se corrompió. Lo que dice de fondo es que no vale la pena trabajar con el Ofensor. Otros dicen: "nosotros trabajamos con Víctimas; no con Ofensores". En prevención terciaria, ciertamente debería trabajarse con los Ofensores porque es una manera de evitar reincidencia y normalización de la violencia. Pero prevención terciaria supone trabajar con las víctimas y ahí es donde tenemos un vacío más. Es consecuencia de ser corto de miras en los planteamientos estratégicos el pensar que no hay que hacer prevención terciaria. Puede verse en el escasisímo  desarrollo y presencia que la Dirección de Atención a Víctimas del Ministerio de Justicia ha tenido desde su creación.
Otro preconcepto que se convierte en limitante es que al pensar en conductas violentas pensamos en criminales. Erradísimo. El matoncito de turno de sexto grado en la escuela que acosa en modo machista es un ofensor y produce víctimas (véase Cómo poner fin a la violencia en las escuelas de UNESCO... que si se implementara sería un grandísimo avance). Tanto Víctima como Ofensor debe recibir el proceso adecuado; el Ofensor, para que ya no siga maltratando, es decir, debe desmontarse la dimensión personal y cultural del machismo que sostiene la acción violenta; la Víctima, para que deje de ser Víctima y se recupere como persona; cuando la Víctima no es tratada adecuadamente las probabilidades que se convierta en Ofensor son grandes.
Esto es algo que los que se regocijan en el discurso de la defensa de las víctimas no han entendido y les gustaría que las víctimas fuesen víctimas por siempre a fin de mantener su discurso político y/o moral. Hay que ayudarle a la Víctima para que deje de ser Víctima. En el caso de la violencia, es sumamente importante porque evitamos formas ulteriores de violencia: contra sí misma (por culpabilización), contra otras personas como desquite o venganza.
Hay así aquí un ciclo dinámico Víctima - Ofensor. Este ciclo fue analizado minuciosamente por Olga Botcharova en un trabajo que presenta siete pasos hacia la reconciliación (sí, es posible trabajar un planteamiento serio y formal, es decir que sobrespase la chalatanería). En el caso de la violencia, la apuesta fundamental es precisamente la necesaria interrupción de los ciclos de violencia. Este es precisamente el objetivo del programa Strategies for Trauma Awareness and Resilence (STAR) de la Universidad Menonita del Este (EMU).

Nota: la imagen es del programa STAR de EMU. Me he permitido la traducción de algunas porciones

miércoles, 6 de abril de 2016

Rehabilitar al Ofensor, atender a las Víctimas (2): ¿qué es prevención?

En una infinitud de espacios me he encontrado con manejos imprecisos e inadecuados de lo que es prevención. En parte esto se debe a la deficiente comprensión del problema que se quiere prevenir (por eso insistimos: ¡entender la violencia para poder prevenirla!); también tiene que ver con la confusión típica entre violencia y delito. No me cansaré de repetir que aunque están relacionados, no son lo mismo; confundir en el análisis y en lo operativo una cosa con lo otro, tiene consecuencias graves.
Pués en el caso de la prevención, el planteamiento clásico proviene del enfoque de salud pública que distingue entre prevención primaria, prevención secundaria y prevención terciaria. Sin embargo, dadas las confusiones arriba citadas, cuando se pretende abordar los niveles de prevención, el público (gubernamental y no-gubernamental) se muestra tan perdido como gallina en baile de zorros. 
Es el momento en que se plantean cosas como decir que no tiene sentido prevención secundaria si ha ocurrido el hecho violento y que por tanto es mejor hablar de atención secundaria o terciaria y que sólo la primara es realmente prevención. Es oportunidad también para deshacerse de la prevención terciaria porque "no vale la pena trabar en cárceles; el que se jodió, se jodió".
He construido un esquema sencillo para visualizar y comprender los niveles de prevención y así apreciar la necesidad y urgencia de los tres niveles y precisamente para pensar el trabajo de rehabilitación del ofensor y de la atención a las víctimas. El esquema de los tres niveles de prevención viene de un enfoque de salud pública (que prioriza la prevención) y que corresponde a una visión temporal. Se trata de configurar la acción para un antes (prevención primaria), durante (prevención secundaria) y después (prevención terciaria) de la ocurrencia de un hecho violento (HC). La ocurrencia de HC (al centro en el esquema de tres elipses traslapadas) implica la aparición de una Víctima (V) que sufre el hecho violento y un Ofensor (O) que realiza el hecho violento.
El siguiente cuadro define lo que corresponde a cada nivel lo que debería ocurrir en términos de prevención. 


Nivel de Prevención
 Definición
Estado
Primario
Todas las acciones que conduzcan a evitar, inhibir la realización del hecho violento y por tanto, que no irrumpan la víctima y ofensor
No hay Víctima, no hay Ofensor. Es prevención en sentido estricto y corresponde a programas clásicos de prevención de la violencia como por ejemplo el reforzamiento de sistema educativo y formación en cultura de paz.
Secundario
Todas las acciones que conduzcan a la reducción del impacto y el escalamiento que produce la irrupción de la violencia
Aparecen Víctima y Ofensor. Es clave el enfoque transformación de conflictos, puesto que el manejo adecuado de la conflictividad, permite el desescalamiento.
Terciario
Todas las acciones que conduzcan a la recuperación y rehabilitación de la dignidad de Víctimas y Ofensores para evitar la conversión de nuevas víctimas y ofensores
Rehabilitación de Ofensor y atención de Víctimas: el énfasis fundamental reside en los programas de justicia restaurativa.

lunes, 4 de abril de 2016

Rehabilitar al Ofensor, atender a las víctimas

Resultado de imagen para rehabilitacion reinsercionUn documento de la Asamblea Legislativa analiza un proyecto de ley que dice “garantizará su protección integral contra todo acto de crueldad causado o permitido por el hombre, directa o indirectamente, que les ocasione sufrimiento innecesario, lesión o muerte. Su finalidad es generar una cultura ciudadana que busque incrementar el respeto a la vida y buen cuido … a través de la educación; fomentar y estimular la participación ciudadana en la adopción de medidas tendientes a la protección…”.
Me di a la tarea de buscar en el documento tras escuchar fugazmente a una entrevistada en un programa de radio que vehementemente argumentaba que “el verlos deambular por la calle no tenía por qué llevar a matarlos o exterminarlos… que más bien la sociedad debía comprometerse con su protección y cuido. Pero no se refería, ni la entrevistada ni el proyecto de ley cuyo análisis cito más arriba, a ningún proyecto de rehabilitación de ofensores, pandilleros o malhechores… la entrevistada y el análisis del proyecto de ley es respecto a la propuesta de la Ley de protección y promoción del bienestar animal
¡Ojalá el proyecto posible de ley de rehabilitación o reinserción (el término es lo de menos en este momento) tenga como base mínima este otro de protección y promoción del bienestar animal! Pero lo que se oye que está en discusión y lo que se vive en la cotidianidad es absolutamente distinto. Convivimos con mecanismos de exterminio y limpieza social (ejecuciones extrajudiciales que denominan los especialistas), con propuestas de rehabilitación forzada o el sometimiento a la disciplina militar (como si nuestra historia nacional o mundial mostrara que resultados positivos).

Ante esto es urgente un análisis crítico y la construcción de una propuesta humanamente realista que tenga como base la humanidad de las víctimas y ofensores. El error está en pensar que el ofensor es simplemente imagen del famoso programa de criminal minds. Eso es producto del típico enfoque criminalista que no mira más allá del delito y olvida los condicionamientos bio-psico-sociales que llevan al acto violento y/o delictivo y que, en muchos casos, el ofensor no es más que una víctima que no fue atendida en su momento crucial.