miércoles, 24 de febrero de 2016

Prevención de la violencia: Tesis como desafío para las universidades

“to live outside the law, you must be honest” (Bob Dylan)
“Alle Wahrheit ist einfach” - Ist das nicht zweifach eine Lüge? (F. Nietzsche)
“Intentemos ver ahora las cosas de otro modo” (Aristóteles)

 
            1. Necesidad de distinguir entre violencia y delito (crimen)
            Por supuesto hay una relación, pero no son lo mismo y convivimos con una tendencia a confundirlos. Tiene sus consecuencias confundir la violencia con la criminalidad  y tomar una por otra. La violencia está a la base del delito, pero no todo delito es violento.
            El delito viene tipificado por la ley; la violencia no está necesariamente en referencia a la ley, sino más bien a las relaciones de poder... como mucha de la violencia está normalizada (asumida como normal), sea o no delictiva, se escapa al control, la sensibilidad y la denuncia… y la ley.

            2. No es lo mismo prevención de la violencia que prevención del delito
            Por tanto, no es ni puede ser lo mismo la prevención de la violencia que la prevención del delito; por supuesto, están relacionados... con la prevención del delito, algo incidimos en la prevención del delito; a veces no mucho, puesto que queda mucho de la violencia normalizada que además da pie para otros delitos. Y sin embargo, haciendo prevención de la violencia, podemos ser más efectivos en la incidencia del delito, puesto que desmontamos estructuras que soportan el delito, en la medida que el abordaje de las relaciones de poder que subyacen a la dinámica de la violencia, inciden en la problemática del delito. El “problema” es que continuamente, cuando abordamos el tema de prevención de la violencia, encontramos incontables análisis con pretensión de rigurosidad, incluso académica, que terminamos hablando de prevención del delito y/o la criminalidad... pero no son lo mismo. En rigor, no es lo mismo.

            3. El enfoque de seguridad limita nuestro análisis sobre la problemática de la violencia y la prevención.
            En cuanto a la prevención de la criminalidad, suele prevalecer un enfoque de seguridad (no es la única manera de ver la criminalidad)... eso puede estar bien; sin embargo, concurrimos en algunas dificultades cuando nos abocamos a examinar el problema de la violencia y su prevención desde un enfoque de seguridad.
            El enfoque de seguridad querrá examinar la criminalidad, el problema de la policía, la acción de ministerio público o la fiscalía y la pertinencia de las leyes. Y eso está bien. Pero, examinar la violencia desde el enfoque de seguridad fácilmente puede distorsionar las cosas. Si la violencia es un problema social, acotamos indebidamente el abordaje de su problemática.
            Una consecuencia en esta línea establece que si la violencia es un problema de criminalidad y los principales criminales son las maras o pandillas, entonces el problema de la violencia es el problema de las maras o pandillas... Esto tiene como consecuencia, la construcción de chivos expiatorios y   dinámicas exculpatorias (“son las pandillas, no nosotros”) con lo cual terminamos ocultando las estructuras elementales y esenciales de la violencia como por ejemplo el problema del castigo y el machismo.

            4. Convivimos con una diversidad e incompresión fatal en cuanto a la etiología de la violencia.
            La violencia pués, no es delincuencia. En general tenemos más o menos un consenso en torno al concepto de violencia (por ejemplo, como la define la Organización Mundial de la Salud). Sin embargo, hay una dispersión fatal en cuanto a su causalidad... en parte, quizá porque prescindimos de entender adecuadamente qué es “causa”, y también qué es “teoría” y por tanto también qué es un modelo teórico o qué es un modelo etiológico. Con respecto a la violencia,
-        Hemos confundido la complejidad del fenómeno con la multicausalidad. La violencia es compleja, pero no es multicausal... por lo menos no en el sentido que se suele manejar de “multiplicidad de factores en juego”.
-        Creo que la multicausalidad imputada es una manera de disimular nuestra ignorancia. En matemática, el cálculo multivariable es posible siempre y cuando pueda ser acotado... por en ciencias físicas se suele trabajar con supuestos, a veces demasiados, a fin de crear condiciones ideales.
-        Hemos obviado la pregunta del por qué de la violencia (etiología). El modelo ecológico (OMS) es un modelo de comprensión, pero no es una teoría explicativa y predictiva de la violencia, porque no determina una causalidad. Por eso, un factor de riesgo para la violencia juvenil es “convivir en un entorno violento”...  Es decir, hay violencia por que hay violencia (tautología) ¡Pero no me explica por qué hay violencia!

            5. Hemos asumido equivocadamente que los factores de riesgo son causa, cuando en realidad son ¡factores de riesgo!
            Hemos confundido en el clásico modelo de la OMS los factores de riesgo con causas. Los factores de riesgo no son causa, al menos en el sentido estricto de lo que significa causas (relación temporal entre dos sucesos, siendo uno necesario para que se dé el otro). Así, a pesar que varios letrados y funcionarios lo digan, el ocio y el consumo de bebidas alcohólicas no son causa; son factores de riesgo. Y sin embargo, buena parte de nuestros programas de prevención de la violencia juvenil están basados bajo el supuesto que el ocio es causa de la violencia y entonces, se trata de entretener a la juventud. Por tanto, esto trae como consecuencia varias cosas: primero, el deporte no previene la violencia (aquí muchos ponen el grito en el cielo, pero que voy a hacer… es por honestidad con la realidad… creo que hacer deporte es bueno y bien encauzado es útil como medio de prevención… pero por sí mismo no es efectivo como prevención de la violencia). Igual, el desarrollo artístico no previene la violencia (es bueno, y ojalá todas y todos tuviésemos acceso…), mucho menos la “mano dura” ni políticas de exterminio, ni las charlas sobre valores, ni los desfiles de niños vestidos de palomita blanca con cárteles que dicen “no a la violencia”.

            6. Puntos de partida diferente para la violencia: exclusión, castigo y machismo
            La violencia en su dimensión subjetiva tiene su razón de ser en la humillación abrumadora. Sus vectores de propagación son el sistema económico – social y el sistema de justicia – prisiones que a su vez actúan recursivamente como causas estructurales. Esta es una mal apretada síntesis de la teoría de James Gilligan (no, no es el de la Isla) a la suelo hacer referencia (véanse la bibliografía en “Materiales para Compartir” en este mismo Blog). Esto identifica como elementos clave:
-        la exclusión... un respetable poeta de derechas, libre de toda sospecha marxista o socialista, decía a finales de los años 90: “la exclusión es el mejor almácigo para la violencia”. Ya está dicho, pero la mayor parte de nuestras propuestas de prevención, al estar organizadas desde un enfoque de seguridad, piensan más en policías que en inclusión.
-        En la misma línea, el problema de las pandillas no es la idea de criminal minds con la que a veces nos manejamos. La mejor definición de pandillas se la escuché a Héctor Dada: la pandilla es una forma anómala de organización social para enfrentar la exclusión.
-        El castigo, toda forma de castigo es violenta, pero además por ser humillante, es propiciadora de la violencia... entre más castiga una sociedad, más violenta es (J. Gilligan) de ahí que debemos revisar lo que pasa en la escuela, en casa y la sociedad. No es extraño que seamos un país violento y glorifiquemos el castigo.
-        El machismo... sin palabras. Lo que es curioso es cómo, de la infinidad de proyectos, políticas y programas de prevención, casi ninguno se plantea “desmontar la cultura del machismo que sostiene la cultura de la violencia”
-        La conflictividad... los métodos elegidos para resolver los conflictos (de todo tipo) recurren a la violencia...

            7. Otro abordaje es posible en prevención de la violencia...
            Este es el reto fundamental para el mundo universitario, claro una vez hagamos digestión respectiva de los retos que la realidad misma nos presenta y busquemos las teorías adecuadas, no porque sean cómodas o convenientes (que siempre hay que preguntar qué intereses hay detrás), sino porque busquen dar cuenta de la realidad (que ya decía el viejo Karl: si las cosas nos dijeran inmediatamente lo que son, no haría falta la ciencia). Esta visión alternativa supone:
-        frente a la cultura del castigo: justicia restaurativa
-        frente a la economía y poder excluyente y despectivo: reforma / Inversión ecónomica y social; procesos económicos alternativos...
-        frente a la cultura machista: procesos de desmontaje del machismo, nuevas masculinidades, empoderamiento de la mujer
-        frente a la cultura de la violencia: métodos alternativos para el abordaje de la conflictividad (transformación de conflictos) y cultura de paz, entendida no como carnaval sino como
-        cómo renunciamos a la violencia
-        cómo abordamos los conflictos desde su raíz
-        cómo promovemos el dialogo para resolver nuestras diferencias.

(Texto editado de una ponencia presentado en un seminario de Konrad Adenauer Stiftung, Guatemala, Noviembre de 2014)

martes, 16 de febrero de 2016

Comunidad, Policía y Pandilla

Presentamos con el número dos de la serie Discutir la Realidad un acercamiento contado de primera mano y que da cuenta de una experiencia concreta en el municipio de Ciudad Delgado. El documento nos invita precisamente a pensar nuestra idea de comunidad y policía, así como también la posibilidad de conseguir resultados precisos a nivel local para conseguir un acercamiento a la paz. La comunidad no sólo ha de empoderarse, sino también tomar las riendas de su situación. Precisamente porque seguridad hacer referencia a convivencia, es la relación con una comunidad organizada quien puede definir un modelo de policía comunitaria, no sólo acorde a las necesidades y exigencias de la realidad, sino también acorde al espíritu fundamental que la legislación recoge de lo que debe ser la Policía Nacional Civil.

martes, 9 de febrero de 2016

Reflexiones críticas sobre violencia y seguridad (4 y final)

Resultado de imagen para soldado joven seguridadSobrepasar una acción machista, conservadora y moralista: el problema del cambio cultural
A la base de la problemática de la violencia está el problema del poder.  El ejercicio de poder, en sus diversas maneras somete, excluye, castiga y humilla. Mancillando la dignidad de las personas, favorece la creación de condiciones favorables a la violencia. Ahí donde hay humillación, aparece la violencia; ahí donde se crean las condiciones que favorecen la vida digna, se hace prevención de la violencia.
El nuestro es un país con una cultura donde prevalecen las formas machistas y conservadoras del ejercicio del poder, cubierto además de un discurso moralizante (desvinculado del lenguaje liberador del evangelio y atado a imágenes de un dios distinto del de Jesús).
Tomemos sólo el fenómeno del machismo. La conducta del soldado que detiene a un joven y le agrede físicamente para “cacharlo” justifica sus actos diciendo que le pareció sospechoso por el peinado y los aritos del joven. Los especialistas consultados dicen que propiamente no hay delito, pero me parece que es totalmente inadmisible en El Salvador de hoy. El problema es que realmente es aceptable y necesario para muchísima gente.
La matonería escolar, el bulllying como se ha puesto de moda nombrarla (no sé si por evitar decir “matonería” o “acoso”) no es más que aprendizaje de pretender aparecer como el más fuerte y más cachimbón… normalmente aprendida por la convivencia con otros que sudan esos modelos… ramplonería del machismo… por no hablar de la violencia contra las mujeres, el maltrato infantil (físico y sexual) y todas las formas directas e indirectas de castigo, físico y psicológico (del maestro o el policía) que no es más que una manera de someter…
El punto es que escasamente se encuentra un programa, de estos bien financiados, que incluya en su programa procesos de desestructuración del machismo. Quizá los haya, pero no suele haberlos. No digo que no haya programas o proyectos sobre nueva masculinidad, de capacitaciones en género, erradicación de la violencia de género. Pero no suelen estar vinculados con los programas de prevención de la violencia. Como dato curioso: la palabra machismo o machista no aparece ni en el Plan El Salvador Seguro, ni en el Plan Quinquenal. Apostaría que tampoco aparece en las propuestas de gobierno de los dos partidos principales.
Me atrevo a indicar que ningún programa de prevención de la violencia puede llegar a ser realmente efectivo si no incluyen en su intervención al menos tres elementos clave (por supuesto hay más):
1. Transformación de la cultura machista y la construcción de una masculinidad distinta.
2. Erradicación (progresiva si quiere) de toda forma de castigo (físico y psicológico) en casa, en la escuela y en la calle. El castigo es de las formas más humillantes de violencia … y la humillación, en cualquier de sus formas, es un poderoso incubador de violencia.
3. Procuración de factores dignificantes (casi reivindicativos habría que decir) de la vida personal y comunitaria de la gente. Esto como mínimo significa tres cosas:
                3.1 Entorno percibido como digno para las personas
                3.2 Educación de calidad (ahora hace falta dinero para acceder a ello)
                3.3 Trabajo digno.

jueves, 4 de febrero de 2016

Reflexiones críticas sobre violencia y seguridad (3)

Resultado de imagen para naranja mecanicaLas respuestas a la violencia dependen de la causalidad concebida
Más allá de esta involuntaria o malintencionada reducción del problema de la violencia y la inseguridad al problema de las pandillas, el asunto tiene que ver con un fondo conceptual del problema que no ha sido tocado con honestidad intelectual y que  muchas veces se evade: qué es violencia y qué es pandilla. De lo segundo, que no es el punto central en este momento, diremos sólo de paso que no es lo mismo considerar la pandilla como una estructura terrorista (asociación ilícita) que como una “forma anómala de organización social para enfrentar la exclusión”, que  me parece es la mejor y más atinada definición que yo he escuchado, pronunciada por Héctor Dada en una sesión de análisis en la compartí con él.
En cuanto a las formas de respuesta frente a la violencia, las respuestas dependen de la causalidad que yo concibo. Reina mucho que el ocio es causa de la violencia o que es por la falta de valores. Esto lleva a que buen número de programas se articulen alrededor de la actividad deportiva, artística y de las charlas sobre valores. Un examen exhaustivo de la causalidad de la violencia mostraría que con estos elementos estamos respondiendo a meros síntomas, o más formalmente, a factores de riesgo, en vez de enfrentar las causas de fondo.
Invertir en deporte, en arte y cultura, fomentar valores es total y absolutamente bueno y debe hacerse… pero en cuanto a prevenir la violencia por sí mismos, su impacto es limitado.
Pero además, por si no fuera poco invertir en programas que no son eficaces, lo venimos haciendo los últimos diez y quince años, invirtiendo / gastando un promedio de un millón de dólares mensuales (son cálculos basados en los reportes de la cooperación). Con lo cual, vale pena hacerse la pregunta si es que somos realmente necios de seguir haciendo lo que no está bien y no arroja resultados convincentes (otro ejemplo muy bueno de esa necedad histórica es el manodurismo; sabemos que no funciona, pero lo hacemos) o en realidad el rubro “prevención de la violencia” se ha vuelto en un tema de moda… y de fuente de recursos.
La intuición es que la violencia y la prevención se han vuelto un negocio fabuloso además de ser de interés político social (a alguien le conviene). La violencia, pero también la seguridad y la prevención se han vuelto grandes negocios… y cuando hay buen negocio, a nadie le gusta que se acaben. Si a esto sumamos la crónica debilidad del estado para responder a los problemas nacionales, resulta otra vez que “hay personajes y/o grupos benefactores” quienes en su benevolencia prodigan las soluciones al problema de la violencia. Con esto, sume elecciones periódicas, donde la violencia y seguridad se vuelven banderas electorales, y el paquete completo está hecho.

Así, el problema de la violencia queda a merced de los partidos políticos y de cúpulas de todo tipo que se orientarán por el beneficio político y económico que puedan redituar. A esto suele sumarse la fragmentación de la acción que termina por diluir sus posibles resultados. En un territorio específico suelen encontrarse diversos esfuerzos las más de las veces nunca conectados: una iniciativa por aquí, un Consejo por allá (cuando lo hay), la XYZ ong por acullá y ABC agencia gubernamental sin enterarse.

lunes, 1 de febrero de 2016

Reflexiones críticas sobre violencia y seguridad (2)

Resultado de imagen para problema cronico de la violenciaEste es un problema crónico
Un problema fundamental tiene que ver con el cómo responder a un problema crónico irresponsablemente atendido y negligentemente obviado. Tenemos un problema epidemiológico de violencia declarada ahí donde, según la OMS, hay una tasa de homicidios arriba de 10 x 100,000. Si bien para 2014 la tasa fue de 61.1 (y en 2015 será mucho peor), desde los años 70 tenemos una tasa arriba de los 30 (y no había pandillas). Problema serio y grave de violencia en términos de salud pública tenemos desde hace 50 años (probablemente más): la única diferencia es que estamos peor ahora que hace 10, 20 o 30 años.
Imaginemos una epidemia de tuberculosis, de dengue o de cólera con una tasa creciente de mortalidad a lo largo de 12 o 24 meses. Cualquier gobierno definiría estrategias inmediatas de atención como de prevención de largo plazo. No habría gobierno que se sostuviese con una epidemia declarada y creciente mortal a lo largo de cinco años. En el problema de la violencia llevamos cincuenta con una guerra civil de por medio con el problema de epidemia de violencia.
Problemas crónicos implican mayores dificultades para desarticular causalidades y factores. Es posible abordar exitosamente el problema pero se necesitan acciones efectivas, radicales y atrevidas, así como un buen plan como compromiso de país por encima de intereses de poderes económicos y políticos con una vigencia de 10 o 15 años. Respuestas sostenibles en el tiempo frente a problemas crónicos.
Con la peste bubónica que asoló buena parte de la edad media europea o si quieren pensemos en las epidemias de cólera en América Latina, se ensayaron diversas medidas, pero nada fue tan efectivo como la prevención a través del saneamiento de acueductos y alcantarillados como vectores de propagación. Lo mismo debe hacerse con la violencia.
Por tanto, debe procurarse acciones efectivas para atender un problema crónico y no sólo administrar aspirinas para enfrentar un cáncer.
Para mostrar esta preocupación sobre este problema crónico, me permito citar un texto que bien pudiera parecer que habla del presente pero que en realidad es de 1976:
La sociedad salvadoreña presenta características, cada vez más definidas de violencia. La estructura del país, constituida por las relaciones por las relaciones de producción económica, ha ido generando a lo largo de muchas décadas una serie de formas jurídicas, políticas y culturales que apuntalan un estado de tensión, de desquiciamiento del “orden” ideado y planeado por los fundadores de nuestra República. […]
Reiteradamente se ha escrito que la sociedad salvadoreña es dual. Por una parte están los multimillonarios, y por otra, los multimiserables… La contradicción permanente entre los que tienen todo y  en forma excedentaria y acumulativa, y los que no tienen nada, excepto sus vidas miserables y si horizonte, es la que configura el estado de violencia en que se debate la sociedad salvadoreña

I. López Vallecillos, Reflexiones sobre la violencia en El Salvador, ECA (1976), 327-328, p.9