lunes, 31 de agosto de 2015

Ejercicios de lógica jurídica: del terrorismo y las pandillas, de la complejidad y la precisión.



Fue hace muchos años que por una eventualidad me asignaron un curso de lógica para estudiantes de derecho (la llamaban “lógica jurídica”... pero la lógica es lógica). El acometido fundamental del programa suele ser el de procurar que los futuros profesionales del derecho no sólo hagan el camino del razonamiento correcto, sino también al mismo tiempo no incurran en las falacias del razonamiento y además sea capaces de identificarlo. Es pedir mucho para un curso, pero al menos se pretende sentar las bases del pensar crítico desde el punto de vista de la lógica.  El “esfuerzo del concepto”, como decía Hegel, pueda que no sea gratuito. No lo es de hecho. Filosóficamente, más allá o más acá de lo jurídico, como decía un prominente filósofo griego, se trata de caer extenuado escudriñando la realidad.

Y la realidad es compleja. Que sea compleja no quiere decir indescifrable. Recordemos que ahí donde nosotros no entendemos, o arrojamos insensateces o le llamamos estado caótico. La teoría del caos ha mostrado que a final de cuentas hay estructuras o modelos detrás de eso que nosotros suponemos indescifrable o caótico.

Este tema de las pandillas es un típico tema complejo. Significa en principio que la realidad (en el sentido pleno de la palabra) no es simple; esto no significa indescifrable ni caótica puesto que, (otra vez recurro a la teoría del caos) esa realidad puede ser expresada sencillamente. Lo complejo no se opone a la expresión sencilla, pero sí a lo simple.

Revisando el dictamen de la Sala de lo Constitucional sobre el genérico tema de pandillas y terrorismo, me asaltan varias preguntas (me viene a la memoria aquel famoso libro de Georg Lukács: “El asalto a la razón”… pero no viene al caso hablar de ello).

                La Sala responde a una serie de recursos interpuestos contra la Ley Especial Contra Actos de Terrorismo (LECAT), cuatro recursos todos de 2007 (el 22-2007, el 42-2007, el 89-2007 y el 96-2007). Esto quiere decir que ya nos acercamos al día que tendremos la respuesta sobre las impugnaciones sobre la ley de amnistía (dijeron “después de las elecciones resolveremos”). Pero ninguno de los recursos del 2007 contra LECAT tenía que ver con el tema pandillas. Por eso llama la atención el tipo de respuesta.

                Menciono en este párrafo los recursos contra la ley de amnistía porque doy por supuesto que las resoluciones son no sólo apegadas a derecho, sino basadas primordialmente en el derecho. Sería odioso tener motivaciones políticas (del tipo que sean: partidarias o ideológicas) para pronunciarse en una y otra cosa. Yo creo que no podemos prescindir de lo político, pero no podemos supeditar el derecho y la justicia (no es lo mismo) a lo  político.

                Pero bueno. La Sala ha establecido una ecuación específica: “pandilla” = “grupo terrorista”. Ya no hace falta mostrar que el hecho tenga que ser tipificado como terrorista y adjudicado a tal persona para procesar como terrorista, porque bastara verificar que es pandillero puesto que sus actos son terroristas por definición. Pero, ¿cómo sé quién es pandillero o no?  Quiero ver cómo van a proceder en esto.

                Una pequeña anécdota antes de presentar un par de argumentos consistentes más en serio. He tenido la oportunidad de trabajar con gente de la PNC (oficiales, clase y agentes) y casi siempre (casi) llega el momento en que uno, botas brillantes, uniforme impecable y corte de cabello estilo “US Marine Corps” se dirige a mí y me dice “¿por qué no se corta el pelo? (lo suelo vestir más largo del promedio… algunas veces más largo del promedio normal, pero nada del otro mundo), “… parece  pandillero”. De modo que un día que tenía a más de un centenar de policías en una capacitación sobre transformación de conflictos los reté para que me dieron razones y fundamentos para inevitablemente cortármelo. Si la encontraba, al día siguiente vendría con el cabello corto. Oí de todo y di las respuestas respectivas (“piojos” – “me lo cuido lo  necesario y me baño”; “por presentación – eso es variable”; etc. Etc.) Hasta que salió un fortachón en medio del salón y me dijo “le doy una razón: si yo lo veo en la calle; lo detengo”. Le pregunté al pleno cómo se llamaba aquello y casi al unísono dijeron “¡Prejuicio!” ¡Menos mal que lo dijeron!

Vamos a los argumentos para darnos qué pensar.

Primero, tengo antes mis ojos treinta y ocho páginas que recogen las diversas definiciones de ley (federales y estatales) que en EEUU se hace para determinar quién entra y/o sale según el término “gang”, “street gang”… Claro, tendremos la nuestra propia de nosotros… pero, me pregunto, si ante un fenómeno presente en una sociedad como los Estados Unidos, ellos no cuentan con una determinación conceptual precisa, ¿cómo podremos nosotros construir con precisión ese concepto? (Concepto y tipificación jurídica… que no es lo mismo y una cosa debería preceder a la otra). Uno puede pensar que dado que la realidad de EEUU es vasta y compleja no es lo mismo, y además se exige diferenciación, entre una definición federal y otra en el estado de California, en Maryland, Washington, Texas y etc… y tendremos la de El Salvador. Pero, bajo ese mismo argumento, ¿no tiene sentido también pensar que no es lo mismo el fenómeno en Chalatenango que en La Paz que en Usulután que en Morazán? ¿Necesitaríamos definiciones departamentales, municipales (en las Ordenanzas) y comunitarias? Recuérdese que en nuestro caso, así como llamamos “volado” a casi todo (tengo un volado, voy a hacer un volado, viene un volado) igual usamos “mara” para un montón de casos (la mara del trabajo, la mara de la U, la mara de la colonia, la de los números, la de las letras…)

El documento en referencia, está aquí: Federal and State Definitions

Segundo, la literatura especializada coincide en la dificultad de la aproximación a la realidad de las pandillas por su definición. Con lo de “especializada” quiero referirme especialistas en antropología, sociología, etc. y no al comentarista de turno en el programa de opinión. Lo que nos toca a nosotros enanos es subirnos en los hombros de los gigantes, esos especialistas para acercarnos a entender un poco más la realidad.

Por ejemplo, no está claro si las pandillas son o siguen siendo agentes territoriales o han mutado hacia entes empresariales (lícitos o ilícitos), no está claro si quien ingresa  a la pandilla se hace violento (o más violento) o sí las pandillas son violentas por sí mismas o porque la sociedad es violenta. Tampoco está claro que las  pandillas per se sean causantes de los incrementos en la criminalidad y la violencia.

Y cuando digo “no está claro”, otra vez no me refiero al comentarista de turno en programas de opinión o la funcionario público; me refiero a que desde la Academia no está claro. Si el Funcionario o el Comentarista lo tienen claro, felicidades. Los especialistas (criminólogos, antropólogos, socióogos, etc., no lo tienen claro).  Y sin embargo, hay un elemento en el que los especialistas parecen tener un acuerdo tácito: no presionar sobre los “asuntos de causalidad”. Cito: “El no  enfocarse en tal pregunta es esencial para el sostenimiento de los mitos sobre las pandillas como un mal transcendental, una fuerza responsable del daño social independiente de las responsabilidades de los miembros individuales” (The Criminologists' Gang p. 93 del Blackwell Companion to Criminology… ver mi post Comentarios críticos sobre pandillas.

En el mismo caso de EEUU, se puede decir:

“Después de 75 años de investigación académica sobre pandillas en EEUU, la proposición que las pandillas incrementan las tasas de violencia criminal más allá de lo que aparecería en su ausencia, sigue siendo profundamente problemática en razón de una agenda de investigación limitada en ese campo” (The Criminologists´Gang, p. 99).

Los especialistas jurídicos podrán hacer estudio serio del fallo de la Sala de lo Constitucional. Sin considerarme un especialista (soy enano sobre hombros de gigantes), me parece que hay cosas que dan qué pensar:

  1. ¿Por qué ahora a propósito de procesos de hace 8 años vienen a hacerse declaraciones sobre el tema de pandillas. 
  2. Sin dudar que tenemos un grave problema de violencia, de criminalidad (no es lo mismo) y de grupos que hace unos de poder e influencia para determinar un clima de terror, ¿no estamos construyendo o fortaleciendo la idea del chivo expiatorio en las pandillas? Se argumenta del poder de las pandillas para provocar el paro de transporte. ¿Realmente fueron las pandillas? ¿Qué hacemos con el poder del rumor que provocan otros ciertos grupos? 
  3. ¿Cómo se identificarán a las pandillas y sus miembros a fin de determinarlos como grupos terroristas? ¿Por qué no pensar en otros grupos, distintos de las pandillas, que con sus hechos e ideas promueven un clima de miedo en la sociedad? ¿No deberían también contemplarse estos grupos como terroristas?

El fallo pareciera venir a coronar una visión represiva del problema de la violencia y de las pandillas (no son el mismo problema). El problema de la violencia no se resuelve con represión. El problema de las pandillas tampoco.

viernes, 21 de agosto de 2015

Un texto de Ellacuría: “Artífices de la paz en El Salvador”



22AGO012 Segundo Montes, Ignacio Ellacuría, Mons. Romero 386817_188534981279170_1844246923_n.jpgEn diversos espacios cuando he querido aproximarme al concepto de reconciliación, suelo echar mano de un ejercicio diseñado por J. P. Lederach basado en el Salmo 85. El ejercicio versa sobre la reconciliación como espacio de encuentro de la paz, la justicia, la verdad y la misericordia.
En términos de sensatez social, filosófica y teológica (¡incluso política diría yo! Pero no voy a entrar en ello) es perfectamente aceptable e irrefutable el planteamiento. Suele pasar que las operaciones nuestras luego bloquean partes esenciales de planteamientos coherentes. Así por ejemplo, he conocido gentes sensatas, luchadores de derechos humanos y de la justicia, pero que no les gusta hablar de misericordia. Lo consideran light… algunos, típicos extremistas polarizantes incluso pueden hablar de “traición”. Cuando se tratan las cosas con el hígado las personas reclaman “justicia” dejando entrever que buscan un castigo a cualquier costo, incluso el de la paz, poniendo la verdad al servicio del castigo, no de la justicia.
Ignacio Ellacuría desarrolló unas ideas interesantes en un discurso de 1986 dirigido a graduandos de la Universidad. El texto está titulado “Artífices de la paz en El Salvador” y está disponible en el Archivo Personal deEllacuría. Todos los entrecomillados que siguen pertenecen al texto de Ellacuría, con los que pretende motivar a la reflexión. A pesar de la distancia temporal que nos separa del discurso, me parece que hay cosas sumamente actuales.
Un “vivir sin paz” significa, entonces y ahora, por un lado “vivir sujeto a condiciones de miseria, de opresión y represión”. Claro, hay algunos elementos de las condiciones socio-económicas relativamente diferentes, pero que mantienen claramente el signo de exclusión. Pero significa “además – dice Ellacuría en el texto --  vivir bajo el signo de la violencia”. Ese es el contexto en el que nos movemos, para lo cual concede Ellacuría “unas palabras éticas y cristianas que les ayuden a ustedes a responder a esa cuestión crucial de qué hacer hoy por la paz”.
            Respondiendo “como universitarios y profesionales” a la pregunta de qué hacer por la paz, Ellacuría recurre a tres actitudes:

  • buscar la paz: recordando a Is 32,17 establecemos la relación entre paz y justicia. La justicia, rectamente entendida, trae la paz; la presencia de injusticia, inhibe la paz. La paz, pués, no es meramente la ausencia de lo que podríamos llamar violencia explícita… “Si queremos la paz, si buscamos la paz, no debemos cínicamente prepararnos para la guerra, sino buscar la justicia”.

  • con misericordia:  porque no basta la justicia para hacer la paz (!!!) puesto que la búsqueda de la justicia pudiese ser por odio o revanchismo que pudiese  “resultar eficaz a la corta, pero difícilmente podría hacer más cercano el advenimiento de la paz”. Las injusticias no vienen del corazón, “pero en ellas y sobre todo en su remedio tiene mucho que ver el corazón” (!!!). Misericordia es “una puesta del corazón del lado de los que más sufren”,  no mero sentimentalismo piadoso y por tanto “algo indispensable para encontrar la verdadera paz”. Suele pasar muchísimo que en la lucha por la justicia no sólo nos olvidamos de la misericordia, sino que intencionalmente la hacemos a un lado porque la consideramos light. Sin embargo, la justicia “debe ser, no ablandada, pero sí templada por la misericordia”. Centrados de esta manera, “la fortaleza requerida en la lucha por la justicia y contra los responsables de ella, no queda disminuida, sino tan sólo humanizada”… me veo incapaz de detener la cita completa:

“La misericordia es así una forma de amor, pero de amor preferencial por quienes son víctimas de la injusticia, que lejos de convertirse en odio de quienes las causan se transforman en llamada a la conversión”

  • en un permanente “ejercicio de clarividencia y de prudencia” teniendo presente que “los indecisos y cobardes no tienen nada de prudentes, son  más bien negadores en la práctica de lo que exige la prudencia”: se trata de ver lejos y con objetividad. Se trata de posibilitar una “más profunda y objetiva visión de la realidad, que puede conducir a encontrar soluciones apropiadas a las dificultades y facilidades que ofrece la realidad”.

Resolver el problema de la injusticia y de la ausencia de paz, supone un trabajo robustecido por la inspiración cristiana para lo que las Bienaventuranzas  (las “Enhorabuenas” les llama Ellacuría en el texto): “los que están dispuestos a resolver este problema deben ser misericordiosos, limpios de corazón, artífices de la paz” a sabiendas que tiene sus dificultades (la persecución entre otras cosas):

“… todo el que busca la paz a través de la justicia será víctima de quienes con la injusticia quieren aherrojar la verdad, de quienes no tienen más Dios que el poder o la riqueza”

Pero en fin, está la lucha por la justicia, la búsqueda de la paz, con verdad y misericordia. Supone un compromiso ciudadano, profundamente humano (¿quién puede estar en contra de la paz?) y, para los que corresponde, un compromiso cristiano. Las maneras de asumir este compromiso pueden ser diversas, pero debe asumirse un compromiso… uno tal en el que no puede estar ausente la misericordia.

lunes, 17 de agosto de 2015

¿Dialogar o no Dialogar?

En los últimos meses, dialogar o no dialogar se ha vuelto un tema de discusión, con sus detractores y con sus postuladores. En ello ha aparecido mucho de razonamiento ideologizado con razones insostenibles,  débiles e incluso falaces, sobre todo desde aquellos que se oponen. Por otro lado, me parece ha faltado argumentación más robusta para poder lanzar el diálogo.

Examinamos en este documento, como un ejercicio de desideologización, las razones que pueden favorecer el diálogo bajo el supuesto que es el mecanismo idóneo para abordar la problemática social. Examinamos sus posibilidades, sus interlocutores así como posibles caminos de acceso.
Vale la pena tomar en cuenta que diversos actores han expresado su necesidad y mostrado el interés en que se realice el proceso. Seguramente habrán otros y otras con similar deseo de expresar su punto de vista. Más allá de los argumentos en contra y a favor de este asunto inmediato del diálogo y las pandillas, me parece sumamente importante, estratégico para la realidad y el futuro del país empujar un modo de proceder desprovisto de los mecanismos tradicionales de violencia y represión, para este y para tantos otros ámbitos de la vida de nuestro país. Esto implica también abandonar el diálogo como táctica marrullera que busca intereses mezquinos y enarbolar la bandera del diálogo como compromiso del reconocimiento de la diversidad y condición para generar acuerdos serios por el bien del país.
El documento puede accesarse aquí: Diálogo y pandillas.

viernes, 14 de agosto de 2015

Francisco: No a la violencia, sí al diálogo




En su mensaje posterior a la oración del Angelus del pasado 8 de agosto, Francisco hizo referencia a dos situaciones aparentemente sin relación alguna, a mi modo de ver, tremendamente relacionadas. Por un lado, la rememoración de la atrocidad de las bombas nucleares lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki. Por otro lado, la difícil situación económica de las mayorías y la sufriente condición de violencia en El Salvador.

En ambos casos la violencia tiende a aparecer como la respuesta a los problemas. Sin embargo Francisco puede invitar a decir “no a la violencia, sí al diálogo”. Llamados somos, en medio de un mundo que recurre al uso de la violencia,  “a difundir en el mundo una ética de la fraternidad y un clima de serena convivencia”. En el caso concreto de El Salvador, invita a todas y todos “a perseverar unidos en la esperanza” orando para que “en la tierra del beato Oscar Romero florezca la justicia y la paz” (Las palabras de Francisco están recogidas oficialmente aquí: Mensaje de Francisco.


¿Más claro? Agua de manantial en la Montañona de Chalate. Si todos estamos en contra de la violencia ¿por qué recurrir a la violencia para resolver los problemas de la violencia? Si todos estamos a favor de la Cultura de Paz, ¿por qué no entonces ha de promoverse el diálogo en primera instancia?

Por supuesto, puede haber dudas, resistencia, razones diversas, etc. Pero todas razonablemente abordables a mi modo de ver. Lo que no puede admitirse es la negativa testaruda sin fundamento. Eso nos lleva a sospechar intereses más complejos para oponerse al diálogo. Con todo, soy de la opinión que la principal causa de oposición al diálogo es simplemente el temor y la duda. Las dudas se disipan a partir del debido análisis y de un buen diseño estratégico. El temor es a veces más complicado, dependiendo de su origen. Pero lo pero que pueda pasar es no hacer nada por temor a equivocarse, y en el ámbito político, temor a perder respaldo popular. Pero, y si con el diálogo podemos encaminar el país hacia la paz con justicia en la perspectiva de la reconciliación, ¿no terminaremos ganándonos a todo el mundo?

jueves, 13 de agosto de 2015

¿Deberían ir a la cárcel los responsables de las atrocidades?

Resultado de imagen para lederachEsta es la pregunta que le formularon a John Paul Lederach recientemente en una entrevista publicada en www.verdadabierta.com en el contexto del proceso de diálogo - negociación en Colombia. La respuesta de Lederach, desde el punto de vista de construcción de paz y justicia restaurativa, es por supuesto, que la cárcel no garantiza que se haga justicia, ni es tampoco el mejor indicador para medir la justicia.
Esto es un recordatorio importante para todos aquellos que se mueven en el ámbito de los derechos humanos, la justicia transicional y la justicia restaurativa (no, no son lo mismo). Pero, hablando de justicia restaurativa, y más allá de la justicia transicional, es también un punto de vista importante para contemplar nuestro presente. Todo lo discutible que se quiere, pero es para pensar. 
En nuestro contexto donde se veneran las posturas punitivas de la justicia, debería ser más que evidente el hecho que el enviar a prisión no resuelve los problemas de la justicia, ni rehabilita a nadie (sí, hay experimentos interesantes que se están realizando en Apanteos). En el campo de lo que se llaman justicia penal juvenil es un cosa que debería considerarse.
En la entrevista también sale a relucir el problema de "la oposición al diálogo" y la necesidad de construir los imaginarios sociales necesarios para iniciar el camino hacia una paz justa y un proceso de reconciliación bien asentado.
Si el diálogo es un elemento clave de Cultura de Paz, debería poder desmontarse toda oposición, sobre todo si es irrazonable, a los procesos de diálogo. Las posturas razonables pueden discutirse, puesto que normalmente están asociadas a dudas sobre el proceso y resultados. Pero son razonables. 
Podemos extraer reflexiones interesantes de esta entrevista. El texto completo está en Entrevista con Lederach
¿Quién es John Paul Lederach? Aquí está el wiki

martes, 11 de agosto de 2015

Reacciones ante el conflicto

Bildergebnis für puercoespin conflicto kantHay dos momentos analíticos de reacción propiamente: uno, al inicio del conflicto y dos, en el punto álgido. Por supuesto es un continuo en términos de la dinámica del conflicto, pero la reacción puede ser distinta puesto que la intensidad es diferente,  afectando así las emociones y la razón y por tanto el control sobre la situación. En un análisis más preciso y específico, personal o colectivo es importante tenerlo en cuenta.
En todo caso, tres son las reacciones típicas que aquí diferenciamos, pero que por supuesto se pueden registrar combinaciones e intensidades distintas.

El primer tipo de reacción es la vía de la evasión y puede adquirir dos imágenes: huir y/o cerrar los ojos. En muchos casos, hecha la valoración, consciente o inconsciente se opta por escapar. Este rehuir muy distinto del retiro discreto que busca aliviar la tensión del momento. En este caso, se tiene plena conciencia del conflicto, se pretende bajar la tensión y luego regresar para abordar el conflicto. En cambio, al rehuir el conflicto el actor tiene la esperanza errónea que las cosas podrán arreglarse por sí mismas. Por eso prefiere cerrar los ojos, tomar aire fuertemente y caminar en medio de la situación como si no pasara nada. El problema es que el conflicto desatendido suele escalar.
Suele suceder muchísimo: suenan alarmas preventivas, los análisis previos, los diagnósticos de situación… los momentos oportunos para tomar medidas en medio de un conflicto implícito. Aquellos directamente involucrados o con capacidad de decidir sobre las cosas suelen abstenerse de involucrarse por temor a ensuciar su imagen políticamente agradable. Cuando las cosas empeoren buscarán chivos expiatorios y buscarán quien limpie el desorden. Pero el conflicto no atendido, vuelve sino es que permanece.

El segundo tipo de reacción es lo que genéricamente podemos llamar la vía de la imposición. En medio del conflicto se tiende a tomar algún tipo de medida, y suele suceder que con algún grado de violencia, como ejercicio de poder, a fin de determinar una solución al conflicto. Esto no debe confundirse con medidas administrativas que pueden estar contempladas en la legislación o normativas vigentes. Lo que distingue esta vía es la imposición de decisiones de manera unilateral muchas veces con algún grado de violencia. El punto fundamental es que asumido efectivamente que el conflicto supone dos partes (en su complejidad, cada uno con sus aliados por supuesto), la solución del conflicto debería suponer el involucramiento de ambas partes en la resolución. Sin embargo, cuando una sola de las partes impone una decisión, como expresión de ejercicio de poder, y con un posible grado de violencia, la consecuencia es la exclusión de la otra parte.
La respuesta puede ser variada. La otra parte podrá proceder de manera similar intentando algún modo y grado de imposición con lo que asistimos a un nivel en la dinámica de conflictividad expresada ahora como lucha de poder. Puede suceder también que la otra parte simplemente se someta, aceptando lo que parece ser una derrota. Sin embargo, este tipo de soluciones no son sostenibles puesto que, dado que no se ha propiciado una solución por el procedimiento adecuado, la conflictividad simplemente ha sido soterrada esperando el momento en que florezca nuevamente.


El tercer tipo de reacción posible es el de la confrontación correcta de la conflictividad. Normalmente desembocará en un frente a frente de modo que, si se han construido las condiciones necesarias para este encuentro (por ejemplo por medio de mediación), posibilitará la búsqueda de una solución a través de un proceso inclusivo de todas las partes, lo cual normalmente se hace por medio del diálogo.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Paros de buses, rumores y esquizofrenia social

El pasado jueves 30 de julio se cerraba con temor, crítica y represión cuatro días de para del transporte público atribuido a las fuerza de las pandillas. Se levantaban voces denigrantes del gobierno, señalamientos de debilidades, políticos expectorantes de ideas trasnochadas, etc…
Para el día sábado 1 de agosto, el panorama fue totalmente distinto. Festejos agostinos, luces nunca vistas, fiestas inolvidables, políticos de vacaciones. Para nada comparable a lo que 48 horas antes pasaba en San Salvador (podríamos decir “a nivel nacional” pero todo este embrollo politiquero de la seguridad realmente tiene su centro en el área metropolitana).
Razón o entendimiento partida o dividido. Eso es la esquizofrenia cuando menos cuando interpretamos etimológicamente sus palabras de origen griego… los profesionales de la psique podrán hacer mejor diagnósticos de nuestra sociedad enferma. Una sociedad enferma de sus miedos inducidos, de su inclinación a la violencia y de su malsano ejercicio de poder… tan enferma la sociedad que los mismos ciudadanos no somos capaces de reconocer las fuentes del miedo, nuestra propia participación en la violencia y nuestra capacidad de errar en el ejercicio de poder.
Por si fuera poco, comienzan a correr rumores de un nuevo paro, de nuevo repartos de volantes por aquí o por allá… Rumor es esa circulación de información, normalmente de boca en boca (o aquí, de “red social” en “red social”) cuya veracidad no está confirmada (es probablemente falsa, pero le concedemos cierta veracidad) y para la que no se suele tener evidencia (pero que suponemos la tiene). En los últimos años en El Salvador ha tomado fuerza esta tendencia  social en el manejo del rumor. Y tiene fuerza.
Recuerdo muy bien el caso de hace más de  5 años… mi padre me llamó que no regresara a casa o tomara rutas alternas porque pandilleros  había decretado toque de queda. Tomé el mismo camino de siempre, vi menos gente de lo normal, pero no había toque de queda. Y luego ha habido otros: el color de pelo prohibido, tal marca imposible de usar, etc., etc.
Un medio digital hacía mención estos mismos días citando a motoristas que en realidad no estaban seguros de la amenaza que condujo al paro de finales de julio… Oyeron que dijeron que dicen que dijeron. Ahora dice (otro medio) que de acuerdo a un miembro de la Oficina de Inteligencia del Estado (OIE) vieron esto y lo otro. ¡La OIE!
Pretendo creer que el personal de la OIE tiene funciones más importantes que estar informando a X periodista de una u otra cosa. Sí, claro, puede hacerlo por razones de informar. ¿No debería hacerlo la autoridad como por ejemplo el Secretario de Comunicaciones? Si son cosas por investigar, ¿no debería ser más discreto? Si ya identificaron dónde y quién extiende un rumor o reparte un volante ¿no debería conducirse todo esto a una investigación en profundidad, al seguimiento sobre el terreno, etc.? Bueno, pués esto debería exigir sigilo profesional también.
Se venga o no se venga otro paro, algo huele raro. Claro, una variable importante que entra en juego nuevamente a partir del viernes siete de agosto, día en que terminan las vacaciones de agosto, es que la clase política vuelve a sus funciones… eso es una variable incidente de gran profundidad.

¿A quiénes le interesa que cunda el pánico y la población viva con miedo? No me queda claro, pero se les puede agradecer que también tomaron vacaciones estos días.