lunes, 14 de diciembre de 2015

¿ISDEMU como instancia de justicia?

Resultado de imagen para conflictoEl fin de semana se conoció de la renuncia (o solicitud de renuncia, una manera sutil de llamar al despido, justificado o no) de Ramón Rivas al frente de la Secretaría de Cultura, tras conocer (él o el presidente de la república) “una denuncia interpuesta en el ISDEMU”.
¿El ISDEMU es la instancia pertinente para la presentación de denuncias? Creo que no. No tiene competencias judiciales (que yo sepa). Es una institución, hasta donde recuerdo, responsable de políticas públicas para el desarrollo de la mujer. Entonces ¿por qué se coloca una denuncia ante el ISDEMU? ¿Por qué no colocarla ante instancias judiciales o Fiscalía? Para mí este caso, como otros similares conocidos, no corresponde más que a procedimientos que no corresponden con los debidos procesos y es una manera de quitar del camino a personas, que con mayor o menor hígado o razón, tenga cierta plausibilidad la acción.
Cierto que conozco a Ramón. Yo no puedo dar razón ni fe, ni me toca, de si lo que se le imputa es así o no. Sé que ha habido sus líos en la Secretaría de Cultura y eso no es un secreto (pueden verse los reportajes y entrevista en elfaro.net), pero una cosa es que haya conflictividad y otra la manera de resolverlos. Pero el colocar una denuncia en el ISDEMU parece que se va volviendo una manera de señalar, debida o indebidamente, con el dedo una persona para obtener algo… porque creo que si existiese plenamente un delito (no sólo “indicios posibles” o “intentos cercanos a” o pre-configuraciones pre-intencionales” o etc.), pués se coloca la denuncia en la instancia respectiva. Con todo esto me parece desnaturalizamos una instancia tan importante como es ISDEMU, invalidamos debidos procesos e introducimos otros que pueden depender de inclinaciones o sesgos.

Veremos quién llega, qué cosas se entrampan, qué cosas se desentrampan… lo cierto es que pareciera que aquella es una silla extremadamente sensible… si es cierto de aquello de “el que a hierro mata, a hierro muere” no deja de ser cierto que aunque parezca se han resuelto problemas, en realidad no se está más que elevando la temperatura.
Para mi no es más que una muestra más de la cultura con la que convivimos para resolver los conflictos.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Conflictividad: denunciar y amenazar

Resultado de imagen para conflictividadEn medio de la conflictividad, formalmente hay tres respuestas posibles: la que tomo el mundo “sabe” o “conoce”, pero que casi nadie practica: hablar y/o introducir en la dinámica prácticas y estrategias de confrontación noviolenta… la segunda: huir, callar, hacerse el que no pasa nada con la esperanza que todo termine. Pero casi nunca termina; la dinámica sigue su escalamiento, la olla se eleva en su presión y las cosas alcanzan algún tipo de estallido.
La tercer respuesta posible es generar una respuesta en el uso de algún tipo de fuerza, imponiendo una solución, muchas veces con algún grado de violencia. En la conflictividad, puede aparecer alguna figura delictiva (abuso de poder, por ejemplo) que puede denunciarse. Digo “puede” porque en lo que respecta a muchos sistemas judiciales, que buscarían proteger a las personas, en realidad, sólo echan más leña al fuego y además no resuelven el asunto, convirtiendo el conflicto en un litigio perverso. Pero también suele pasar que sin alcanzar algún tipo de figura jurídica en términos delictivos, aparece la denuncia. En este caso, la denuncia no es más que una forma de amenaza. En este caso las o los denunciantes (normalmente se actúa en equipo) recurren a esta figura con la intención, no de generar un proceso de entendimiento, sino de amedrentar a la otra parte para que se cese sus acciones… acciones que pueden ser de diverso tipo desde exigencia y supervisión debidas, proceso de cambios, pausa razonable en un proceso determinado, etc.
Es muy fácil amenazar con denunciar y tiene más sentido cuando se articula un grupo de poder determinado para lograr su acometido: sacar del ruedo al oponente, obtener silencios obsequiosos, generar la permisividad necesaria para los objetivos del grupo. Esta es la razón que a veces encontramos frente a situaciones que consideramos inexplicables. Sabemos que algo pasa en una institución determinada y no nos explicamos cómo es posible que no se tomen medidas. En ese caso, el grupo opositor ha alcanzado la posibilidad de generar los “deschongues” necesarios (institucionales, legales, gremiales, etc.) y amenaza con realizarlos en caso que se tomen decisiones (despedir al funcionario que cobra por servicios gratuitos, corregir anomalías administrativas, recuperar la eficiencia y disciplina en los equipos de trabajo).
Suele pensarse que los grupos tienen todos los derechos de amenazar. Yo creo que no. Hay el deber de denunciar, pero no de amenazar. Si la verdad está de nuestro lado, ¿por qué no sentarnos y hablar como seres civilizados? ¿por qué cerrar puertas y gritar “¡que se vaya!”? Transformación en el conflicto implica la generación de cambios en diversos niveles por medio de la acción consciente. Pero los cambios por la fuerza, la violencia o la amenaza, no son sostenibles.
Esta es la cultura organizacional instituida y vigente en diversos ámbitos, gubernamentales, nogubernamentales, gremiales… es una cultura que necesita ser trabajada y cambiada.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Congresista causa polémica por posar con armas en una postal navideña | ElSalvador


Congresista Michele Fiore... no importa desde donde se mire: ¡es una atrocidad! En un mundo lleno de violencia, es una manera de justificar la violencia... además viene de una funcionaria pública de un estado que, aunque haya personas de EEUU de buen corazón y buena voluntad, al tener una influencia notoria importante en otros pueblos y estados, definitivamente no dan buen ejemplo ¡de ninguna manera!... y por su fuera poco, ¡es totalmente incompatible con lo que es y significa el natalicio de Jesús de Nazareth!!!!!

¡Vaya familia! ¡Qué bonita familia! La nota la vi en Congresista de EEUU causa polémica por posar con armas

martes, 8 de diciembre de 2015

Anteponer la misericordia al castigo

Francisco desde Roma ha dado por iniciado el Jubileo con una declaración muy precisa: es ofensivo para Dios mismo pensar que la respuesta es el castigo; en realidad debemos “anteponer la misericordia al castigo”.
                Muchos fieles cristianos, activistas sociales de todo tipo (de derechos humanos, del movimiento social, etc.),  políticos de todos los signos y colores y por supuesto buena parte de todos nosotros y nosotras pensamos de un modo totalmente contrario a lo que debería inspirarnos la fe cristiana (y probablemente también la fe del Islam, del que conozco poco y demás grandes religiones) y terminamos pidiendo castigo e incluso diciendo, como el impresentable diputado que dijo que ciertos pecados no tiene perdón.
                Convivimos con la idea que el castigo es grato a Dios y que puede resolver todos nuestros problemas jurídicos y de conducta. Eso es un gravísimo error. Parte del problema viene de confusamente creer que justicia es aplicar un castigo, pero que además se establece como principio de conveniencia. He conocido a más de algún proclamador que exige castigo, siempre y cuando no sea él la persona indiciada, puesto que prefiere pedir clemencia para sí mismo. La tolerancia es la pasión de los inquisidores. Los que más deben quizá sean los que más piden castigo.
                Por eso mismo se suele pensar que hablar de misericordia es fomentar la impunidad. En más de alguna ocasión que he tenido que abordar el problema de la justicia, intentando construir un enfoque integrado desde la perspectiva de construcción de paz, los participantes fruncen ceño y boca cuando uno habla de misericordia. El planteamiento integrado propone que junto a la justicia, camine la misericordia y junto a la paz, la verdad. Y no es que no se entienda que las cuatro formen un elegante cuaternión al mejor estilo de Hamilton (perdón por la exquisitez matemática), es que seguimos viendo el mundo con cierto sentido sado-masoquista: queremos ver sufrir a las personas a quienes le adjudicamos una falta, una violación de la ley, un pecado, algunos porque piensan que pueden expiar sus actos, otros por pura congratulación con la violencia.

                Decía J. Gilligan que entre más castiga una sociedad a sus niños y presos, más violenta es. La nuestra es una sociedad que privilegia el castigo; no nos extrañe que sea una sociedad violenta. Impunidad no es el dejar de imponer un castigo, aunque claro, la disección etimológica nos lleve a ello, pero porque está imbuida del espíritu del derecho romano; impunidad es dejar de hacer justicia. Llevamos siglos imponiendo castigo y dejando de hacer justicia. A ver si le abrimos espacio a la misericordia y comenzamos por entenderla… pero esta es de esas cosas que no se entienden con la cabeza, sino con el corazón o acaso con las entrañas. Como decía Pascal: el corazón tiene razones que la razón, no entiende.

lunes, 7 de diciembre de 2015

'Quiero verle la cara a cualquier colega mío dispuesto a reelegir a Luis Martínez' - El Faro

'Quiero verle la cara a cualquier colega mío dispuesto a reelegir a Luis Martínez' - El Faro



¿Debería sorprendernos la posición del diputado Wright Sol? Viniendo del partido al que pertenece, sí, puesto que  había una fuerte tendencia en su partido ARENA (cierto, también en el FMLN) por inclinarse a la reelección de don Luis Martínez... pero al mismo tiempo, debemos tomar en cuenta que el diputado Wright Sol es "nuevo" en el redil legislativo y poder suponer que no está todavía contaminado de la juerga de influencias y colas pateadas que suele haber en el mundillo político...

Es de quitarse el sombrero porque casi se acercaría a esa delicada combinación imposible de honestidad y política, cuando menos en este punto.

Congresistas de EUA presionan a la Asamblea para que no reelija al fiscal Martínez - El Faro

Congresistas de EUA presionan a la Asamblea para que no reelija al fiscal Martínez - El Faro

... Bien por los Congresistas! No se entiende cómo con los cuestionamientos establecidos y las denuncias realizadas (uso indebido de material de escucha telefónica, caso Francisco Flores, relaciones - Influencias indebidas caso Rais, etc. etc.) digo, no se entiende cómo puede haber diputados y políticos (de todos los colores) que consideren la reelección ... o quizá si puede entenderse...

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Miedo a perder privilegios y resistencia al cambio






Resultado de imagen para imagenes de resistencia al cambioLos términos en que se configuran las relaciones de poder, dinámica normal en toda organización social, determina en buena parte cómo se configura un sistema de privilegios. Estos no son en principio más que diferencias específicas que se establecen entre la membresía de un grupo, si bien por supuesto, pueden constituirse en diferencias sensibles que marquen ventaja, exclusión, incluso aprovechamiento ilícito.
Previstos y diagnosticados a tiempo, un sistema de privilegios puede revertirse, tratarse, desburocratizarse, diluirse o normalizarse. Según transcurre el tiempo, el sistema de privilegios puede ser más difícil de someterse al cambio. La membresía que goza ventaja del sistema de privilegios (acceso a recursos, salarios elevados o sus prestaciones, impunidad respecto de sus acciones, etc.) percibirá en distintos momentos peligros, reales o meramente posibles, frente a acciones que puedan conducir a un posible cambio (desfavorable para su gusto, claro está) de sus privilegios, produciendo una resistencia al cambio.
Si bien pueden incurrir otros factores, como cantidad de años en una plaza determinada, calidad limitada en la supervisión del equipo o algunos factores personales o los caciques de rostro democrático con pretensiones monárquicas, la resistencia al cambio, el miedo a perderse en el sistema de privilegios y la posibilidad de aceptar lo nuevo, tenderá a mostrar unos términos de conflictividad diversos, pero típicos de la dinámica del conflicto. Cuanto más pasa el tiempo, cinco, diez, quince o veinte años, el grupo asociado al sistema de poder se vuelve más fuerte y más hostil al cambio. De ahí la necesidad de las rotaciones, del desarrollo del personal, la necesidad de actualizarse constantemente, de proyectarse hacia el futuro, innovando y promoviendo el mismo cambio. Precisamente, la dinámica de resistencia se expresa en un sistema de tres escalones: no sé, no puedo, no quiero. Al lado del sistema de privilegios, se desarrollo algún tipo de clientelismo burocrático que normalmente se identifica con un “yo cubro tu espalda, vos cubrís la mía”
Tengo dos ejemplos disímiles pero que muestran formalmente la misma dinámica (el o la lectora avezada podrá traer otros más frescos a su mente). Karkatsoulis en 2012 inició un proceso que pretendía someter a Grecia a todo un proceso de transformación de su burocracia. Como reporta la nota en El País, aceptado en principio el plan de reforma, el entonces gobierno de Atenas “lo torpedeó, y el esfuerzo quedó en nada”. Karkatsoulis reitera la vigencia del clientelismo de estado, “capaz  de hacer fracasar cualquier reforma”. Un par de entrecomillados de Karkatusoulis:
“Es muy vigoroso aún, porque no hay un sistema de control y sí mucha resistencia política. Para acabar con él hacen falta líderes que no teman a las bases de sus partidos —hasta ahora se han opuesto tanto por miedo a perder base electoral, por ejemplo en el campo— y también el apoyo de la población”.
“La crisis no es sólo financiera, económica o política, su núcleo duro es el entramado de intereses y favores que conforman el clientelismo, que existe como un todo orgánico”.
El otro caso es totalmente nacional. El título de la nota de el periódico digital Diario1.com es ilustrativa: lucha de fuerzas por retomar el control del INFRAMEN. En las últimas semanas hemos presenciado algunas protestas estudiantiles en las calles aledañas al Instituto. Hace algunos años participé de un equipo que acudió en emergencia en una situación similar. Tras conversar con las partes, había suficientes indicios para mí del rechazo de algunos docentes a la gestión del director. La marea aparece de nuevo porque ha llegado el tiempo de cambiar o confirmar al director en su cargo. La resistencia al cambio se muestra en un “no queremos al director” (suele pasar que aparecen en primera fila grupos o personas manipuladas, no así el verdadero poder tras el trono). Como dice un profesor, según la nota:
Hay personas que quieren manipular, son maestros muchos de ellos. Quieren evadir irresponsabilidades. Están preocupados porque tienen demandas, no quieren ni el orden ni la organización”.
La nota periodística cita al Director:
El asunto se da cuando hay fuerzas, tanto internas como externas, a las que no le convienen que esto continúe. Que no continúe el orden con el que se está trabajando. El control sobre aquellos factores externos que viciaban en algún momento la institución y que han perdido el control o el manejo de estas situaciones.  Cada año se da una evaluación, en ese sentido ha llegado su momento. Ahora están surgiendo estas fuerzas, para ver que no se continúen con los métodos

Más entronizados en el tiempo los grupos de poder y el sistema de privilegios, más dura la reacción, más fuerte la resistencia al cambio, mayores los miedos. En esa misma dimensión debería también, con una firme voluntad y claridad estratégica, debe apuntarse la necesidad del cambio.
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miércoles, 2 de septiembre de 2015

El Salvador: emociones positivas y conflictividad



Resultado de imagen para romero sonrienteMuy recientemente Gallup publicó su Global Emotions Report. En él, El Salvador, junto con otros países de América Latina, aparece en la parte alta de la lista en cuanto a “emociones positivas”. Esta encuesta global  intenta medir la parte intangible del bienestar o la felicidad (no vamos a entrar ahora en la discusión de que puede ser el concepto más apropiado). Normalmente se toma con algún sentido de referencia los indicadores económicos asociados al Producto Interno Bruto (PIB) para determinar en algún la situación de un país. El esfuerzo de Gallup por reconocer y medir esta dimensión intangible, en muy interesante. Todo lo discutible que se quiera en cuanto marco conceptual (¿qué son emociones positivas? ¿qué es bienestar?), metodología (¿cuál es tipo de muestra?) y términos de comparación, pero no deja de ser significativa por sí misma.

Más interesante es el contraste posible de establecer (salvado las diferencias en el tiempo respecto al levantamiento de la información) entre los resultados de la encuesta de Gallup y la manifestada situación caótica originada en el clima de violencia y que hace registrar, por ejemplo,  a La PrensaGráfica,  una orientación bastante pesimista, señalando entre otras cosas que el 85.2% de la población piensa que la situación del país es mala o muy mala, o que el 77.7% piensa que el país se conduce por un rumbo incorrecto.

En la encuesta global de Gallup, los altos puntajes señalarían una tendencia arraigada de emociones positivas en la población respecto de su bienestar, libertades personales y la presencia de redes sociales positivas. El Salvador tiene un puntaje de 81 de 100, junto con Nicaragua y Costa Rica, superados por Paraguay (89 puntos),  Colombia y Ecuador (con 84 puntos). En el otro extremo, donde uno podría pensar que “debería” encontrarse El Salvador, aparece Sudán (47 puntos), Bangladesh (54 puntos), Bosnia (55 puntos).

¿Cómo interpretar estos datos disímiles? ¿Qué pensar del contraste entre lo que se visualiza como un país con una cultura violenta y el dato expresado que mostramos cierta felicidad (¿sonreímos o nos reímos mucho ayer? Pregunta Gallup). Bolivia y El Salvador lideran una lista (con el 59%) de los países que manifiestas haber convivido con emociones positivas…

Es para pensar… que a pesar del clima de violencia, convivimos con cierto entusiasmo y vitalidad, quizá recogiendo aquel espíritu de tenacidad y optimismo (¿?) que ha caracterizado a la población de El Salvador.

Somos un país de emociones positivas a pesar de. Discutible y con elementos necesarios para desentrañar y analizar más de fondo, pero cuya manifestación de contraste es imposible de negar… claro, a menos que desechemos una u otra medición.

lunes, 31 de agosto de 2015

Ejercicios de lógica jurídica: del terrorismo y las pandillas, de la complejidad y la precisión.



Fue hace muchos años que por una eventualidad me asignaron un curso de lógica para estudiantes de derecho (la llamaban “lógica jurídica”... pero la lógica es lógica). El acometido fundamental del programa suele ser el de procurar que los futuros profesionales del derecho no sólo hagan el camino del razonamiento correcto, sino también al mismo tiempo no incurran en las falacias del razonamiento y además sea capaces de identificarlo. Es pedir mucho para un curso, pero al menos se pretende sentar las bases del pensar crítico desde el punto de vista de la lógica.  El “esfuerzo del concepto”, como decía Hegel, pueda que no sea gratuito. No lo es de hecho. Filosóficamente, más allá o más acá de lo jurídico, como decía un prominente filósofo griego, se trata de caer extenuado escudriñando la realidad.

Y la realidad es compleja. Que sea compleja no quiere decir indescifrable. Recordemos que ahí donde nosotros no entendemos, o arrojamos insensateces o le llamamos estado caótico. La teoría del caos ha mostrado que a final de cuentas hay estructuras o modelos detrás de eso que nosotros suponemos indescifrable o caótico.

Este tema de las pandillas es un típico tema complejo. Significa en principio que la realidad (en el sentido pleno de la palabra) no es simple; esto no significa indescifrable ni caótica puesto que, (otra vez recurro a la teoría del caos) esa realidad puede ser expresada sencillamente. Lo complejo no se opone a la expresión sencilla, pero sí a lo simple.

Revisando el dictamen de la Sala de lo Constitucional sobre el genérico tema de pandillas y terrorismo, me asaltan varias preguntas (me viene a la memoria aquel famoso libro de Georg Lukács: “El asalto a la razón”… pero no viene al caso hablar de ello).

                La Sala responde a una serie de recursos interpuestos contra la Ley Especial Contra Actos de Terrorismo (LECAT), cuatro recursos todos de 2007 (el 22-2007, el 42-2007, el 89-2007 y el 96-2007). Esto quiere decir que ya nos acercamos al día que tendremos la respuesta sobre las impugnaciones sobre la ley de amnistía (dijeron “después de las elecciones resolveremos”). Pero ninguno de los recursos del 2007 contra LECAT tenía que ver con el tema pandillas. Por eso llama la atención el tipo de respuesta.

                Menciono en este párrafo los recursos contra la ley de amnistía porque doy por supuesto que las resoluciones son no sólo apegadas a derecho, sino basadas primordialmente en el derecho. Sería odioso tener motivaciones políticas (del tipo que sean: partidarias o ideológicas) para pronunciarse en una y otra cosa. Yo creo que no podemos prescindir de lo político, pero no podemos supeditar el derecho y la justicia (no es lo mismo) a lo  político.

                Pero bueno. La Sala ha establecido una ecuación específica: “pandilla” = “grupo terrorista”. Ya no hace falta mostrar que el hecho tenga que ser tipificado como terrorista y adjudicado a tal persona para procesar como terrorista, porque bastara verificar que es pandillero puesto que sus actos son terroristas por definición. Pero, ¿cómo sé quién es pandillero o no?  Quiero ver cómo van a proceder en esto.

                Una pequeña anécdota antes de presentar un par de argumentos consistentes más en serio. He tenido la oportunidad de trabajar con gente de la PNC (oficiales, clase y agentes) y casi siempre (casi) llega el momento en que uno, botas brillantes, uniforme impecable y corte de cabello estilo “US Marine Corps” se dirige a mí y me dice “¿por qué no se corta el pelo? (lo suelo vestir más largo del promedio… algunas veces más largo del promedio normal, pero nada del otro mundo), “… parece  pandillero”. De modo que un día que tenía a más de un centenar de policías en una capacitación sobre transformación de conflictos los reté para que me dieron razones y fundamentos para inevitablemente cortármelo. Si la encontraba, al día siguiente vendría con el cabello corto. Oí de todo y di las respuestas respectivas (“piojos” – “me lo cuido lo  necesario y me baño”; “por presentación – eso es variable”; etc. Etc.) Hasta que salió un fortachón en medio del salón y me dijo “le doy una razón: si yo lo veo en la calle; lo detengo”. Le pregunté al pleno cómo se llamaba aquello y casi al unísono dijeron “¡Prejuicio!” ¡Menos mal que lo dijeron!

Vamos a los argumentos para darnos qué pensar.

Primero, tengo antes mis ojos treinta y ocho páginas que recogen las diversas definiciones de ley (federales y estatales) que en EEUU se hace para determinar quién entra y/o sale según el término “gang”, “street gang”… Claro, tendremos la nuestra propia de nosotros… pero, me pregunto, si ante un fenómeno presente en una sociedad como los Estados Unidos, ellos no cuentan con una determinación conceptual precisa, ¿cómo podremos nosotros construir con precisión ese concepto? (Concepto y tipificación jurídica… que no es lo mismo y una cosa debería preceder a la otra). Uno puede pensar que dado que la realidad de EEUU es vasta y compleja no es lo mismo, y además se exige diferenciación, entre una definición federal y otra en el estado de California, en Maryland, Washington, Texas y etc… y tendremos la de El Salvador. Pero, bajo ese mismo argumento, ¿no tiene sentido también pensar que no es lo mismo el fenómeno en Chalatenango que en La Paz que en Usulután que en Morazán? ¿Necesitaríamos definiciones departamentales, municipales (en las Ordenanzas) y comunitarias? Recuérdese que en nuestro caso, así como llamamos “volado” a casi todo (tengo un volado, voy a hacer un volado, viene un volado) igual usamos “mara” para un montón de casos (la mara del trabajo, la mara de la U, la mara de la colonia, la de los números, la de las letras…)

El documento en referencia, está aquí: Federal and State Definitions

Segundo, la literatura especializada coincide en la dificultad de la aproximación a la realidad de las pandillas por su definición. Con lo de “especializada” quiero referirme especialistas en antropología, sociología, etc. y no al comentarista de turno en el programa de opinión. Lo que nos toca a nosotros enanos es subirnos en los hombros de los gigantes, esos especialistas para acercarnos a entender un poco más la realidad.

Por ejemplo, no está claro si las pandillas son o siguen siendo agentes territoriales o han mutado hacia entes empresariales (lícitos o ilícitos), no está claro si quien ingresa  a la pandilla se hace violento (o más violento) o sí las pandillas son violentas por sí mismas o porque la sociedad es violenta. Tampoco está claro que las  pandillas per se sean causantes de los incrementos en la criminalidad y la violencia.

Y cuando digo “no está claro”, otra vez no me refiero al comentarista de turno en programas de opinión o la funcionario público; me refiero a que desde la Academia no está claro. Si el Funcionario o el Comentarista lo tienen claro, felicidades. Los especialistas (criminólogos, antropólogos, socióogos, etc., no lo tienen claro).  Y sin embargo, hay un elemento en el que los especialistas parecen tener un acuerdo tácito: no presionar sobre los “asuntos de causalidad”. Cito: “El no  enfocarse en tal pregunta es esencial para el sostenimiento de los mitos sobre las pandillas como un mal transcendental, una fuerza responsable del daño social independiente de las responsabilidades de los miembros individuales” (The Criminologists' Gang p. 93 del Blackwell Companion to Criminology… ver mi post Comentarios críticos sobre pandillas.

En el mismo caso de EEUU, se puede decir:

“Después de 75 años de investigación académica sobre pandillas en EEUU, la proposición que las pandillas incrementan las tasas de violencia criminal más allá de lo que aparecería en su ausencia, sigue siendo profundamente problemática en razón de una agenda de investigación limitada en ese campo” (The Criminologists´Gang, p. 99).

Los especialistas jurídicos podrán hacer estudio serio del fallo de la Sala de lo Constitucional. Sin considerarme un especialista (soy enano sobre hombros de gigantes), me parece que hay cosas que dan qué pensar:

  1. ¿Por qué ahora a propósito de procesos de hace 8 años vienen a hacerse declaraciones sobre el tema de pandillas. 
  2. Sin dudar que tenemos un grave problema de violencia, de criminalidad (no es lo mismo) y de grupos que hace unos de poder e influencia para determinar un clima de terror, ¿no estamos construyendo o fortaleciendo la idea del chivo expiatorio en las pandillas? Se argumenta del poder de las pandillas para provocar el paro de transporte. ¿Realmente fueron las pandillas? ¿Qué hacemos con el poder del rumor que provocan otros ciertos grupos? 
  3. ¿Cómo se identificarán a las pandillas y sus miembros a fin de determinarlos como grupos terroristas? ¿Por qué no pensar en otros grupos, distintos de las pandillas, que con sus hechos e ideas promueven un clima de miedo en la sociedad? ¿No deberían también contemplarse estos grupos como terroristas?

El fallo pareciera venir a coronar una visión represiva del problema de la violencia y de las pandillas (no son el mismo problema). El problema de la violencia no se resuelve con represión. El problema de las pandillas tampoco.

viernes, 21 de agosto de 2015

Un texto de Ellacuría: “Artífices de la paz en El Salvador”



22AGO012 Segundo Montes, Ignacio Ellacuría, Mons. Romero 386817_188534981279170_1844246923_n.jpgEn diversos espacios cuando he querido aproximarme al concepto de reconciliación, suelo echar mano de un ejercicio diseñado por J. P. Lederach basado en el Salmo 85. El ejercicio versa sobre la reconciliación como espacio de encuentro de la paz, la justicia, la verdad y la misericordia.
En términos de sensatez social, filosófica y teológica (¡incluso política diría yo! Pero no voy a entrar en ello) es perfectamente aceptable e irrefutable el planteamiento. Suele pasar que las operaciones nuestras luego bloquean partes esenciales de planteamientos coherentes. Así por ejemplo, he conocido gentes sensatas, luchadores de derechos humanos y de la justicia, pero que no les gusta hablar de misericordia. Lo consideran light… algunos, típicos extremistas polarizantes incluso pueden hablar de “traición”. Cuando se tratan las cosas con el hígado las personas reclaman “justicia” dejando entrever que buscan un castigo a cualquier costo, incluso el de la paz, poniendo la verdad al servicio del castigo, no de la justicia.
Ignacio Ellacuría desarrolló unas ideas interesantes en un discurso de 1986 dirigido a graduandos de la Universidad. El texto está titulado “Artífices de la paz en El Salvador” y está disponible en el Archivo Personal deEllacuría. Todos los entrecomillados que siguen pertenecen al texto de Ellacuría, con los que pretende motivar a la reflexión. A pesar de la distancia temporal que nos separa del discurso, me parece que hay cosas sumamente actuales.
Un “vivir sin paz” significa, entonces y ahora, por un lado “vivir sujeto a condiciones de miseria, de opresión y represión”. Claro, hay algunos elementos de las condiciones socio-económicas relativamente diferentes, pero que mantienen claramente el signo de exclusión. Pero significa “además – dice Ellacuría en el texto --  vivir bajo el signo de la violencia”. Ese es el contexto en el que nos movemos, para lo cual concede Ellacuría “unas palabras éticas y cristianas que les ayuden a ustedes a responder a esa cuestión crucial de qué hacer hoy por la paz”.
            Respondiendo “como universitarios y profesionales” a la pregunta de qué hacer por la paz, Ellacuría recurre a tres actitudes:

  • buscar la paz: recordando a Is 32,17 establecemos la relación entre paz y justicia. La justicia, rectamente entendida, trae la paz; la presencia de injusticia, inhibe la paz. La paz, pués, no es meramente la ausencia de lo que podríamos llamar violencia explícita… “Si queremos la paz, si buscamos la paz, no debemos cínicamente prepararnos para la guerra, sino buscar la justicia”.

  • con misericordia:  porque no basta la justicia para hacer la paz (!!!) puesto que la búsqueda de la justicia pudiese ser por odio o revanchismo que pudiese  “resultar eficaz a la corta, pero difícilmente podría hacer más cercano el advenimiento de la paz”. Las injusticias no vienen del corazón, “pero en ellas y sobre todo en su remedio tiene mucho que ver el corazón” (!!!). Misericordia es “una puesta del corazón del lado de los que más sufren”,  no mero sentimentalismo piadoso y por tanto “algo indispensable para encontrar la verdadera paz”. Suele pasar muchísimo que en la lucha por la justicia no sólo nos olvidamos de la misericordia, sino que intencionalmente la hacemos a un lado porque la consideramos light. Sin embargo, la justicia “debe ser, no ablandada, pero sí templada por la misericordia”. Centrados de esta manera, “la fortaleza requerida en la lucha por la justicia y contra los responsables de ella, no queda disminuida, sino tan sólo humanizada”… me veo incapaz de detener la cita completa:

“La misericordia es así una forma de amor, pero de amor preferencial por quienes son víctimas de la injusticia, que lejos de convertirse en odio de quienes las causan se transforman en llamada a la conversión”

  • en un permanente “ejercicio de clarividencia y de prudencia” teniendo presente que “los indecisos y cobardes no tienen nada de prudentes, son  más bien negadores en la práctica de lo que exige la prudencia”: se trata de ver lejos y con objetividad. Se trata de posibilitar una “más profunda y objetiva visión de la realidad, que puede conducir a encontrar soluciones apropiadas a las dificultades y facilidades que ofrece la realidad”.

Resolver el problema de la injusticia y de la ausencia de paz, supone un trabajo robustecido por la inspiración cristiana para lo que las Bienaventuranzas  (las “Enhorabuenas” les llama Ellacuría en el texto): “los que están dispuestos a resolver este problema deben ser misericordiosos, limpios de corazón, artífices de la paz” a sabiendas que tiene sus dificultades (la persecución entre otras cosas):

“… todo el que busca la paz a través de la justicia será víctima de quienes con la injusticia quieren aherrojar la verdad, de quienes no tienen más Dios que el poder o la riqueza”

Pero en fin, está la lucha por la justicia, la búsqueda de la paz, con verdad y misericordia. Supone un compromiso ciudadano, profundamente humano (¿quién puede estar en contra de la paz?) y, para los que corresponde, un compromiso cristiano. Las maneras de asumir este compromiso pueden ser diversas, pero debe asumirse un compromiso… uno tal en el que no puede estar ausente la misericordia.