sábado, 2 de agosto de 2014

¿Por qué el proceso contra Antonio Rodríguez?

No lo sé. Pero huyo de las explicaciones fáciles que aunque puedan ser atinadas, creo que no terminan de explicar la realidad. Y como la realidad es compleja, no puede haber explicaciones fáciles. La lógica de la realidad, por muy perversa que sea, debe mostrar su complejidad en cierta sencillez (que no es lo mismo que una explicación simple o fácil)
1. Me parece que es un tipo de persecusión, pero ¿de qué tipo? No es la persecusión de los años 70 contra la Iglesia en razón de su trabajo inspirado en la fe. Podría haber otros personajes clave que enfrentar, pero además en este rubro, después de noviembre de 1989, es prácticamente imposible a menos que estuviesemos a la vuelta de un estado autoritario fascista (o fascistoide por lo de los gustos), que creo no es el caso. Desde otro punto de vista, no todo los sacerdotes son lo mismo. No pueden serlo. Aquí no es lo mismo Mons. Romero, Ignacio Ellacuría... etc. y Antonio Rodríguez. Labores, contextos, perfiles distintos.
2. Creo que tampoco se trata de una persecusión contra los defensores de derechos humanos. En este punto de ser posible, normalmente se comienza por los eslabones débiles o asequibles. Hasta donde sé, no hay indicios reconocibles de que se esté fraguando una estrategia en este sentido, a menos que se trate de una medida fragmentada y desesperada. Lo cual puede ser posible, pero entonces la explicación mejor vendría de la determinación de quién es el perpetrador desesperado.
3. Tampoco lo veo como el inicio de una estrategia contra toda posibilidad de la tregua. Habrían fácilmente encontrado blancos más asequibles e incluso documentados según se viene diciendo en los medios contra algunas figuras. Que hay una serie oposición contra las posibilidades de la tregua y el diálogo es cierto y preocupante (que haya sectores con la figura del diálogo siempre es preocupante). Otra vez, es útil en términos de análisis el determinar quién o qué es el adversario de la tregua y el diálogo.
4. ¿Qué representa la figura de Toño? Ciertamente viene desde ya varios años en el ruedo de la violencia y las pandillas. Y en ello ha sido una figura problemática para muchos sectores. Todo intento de análisis serio debe incluir todas las aristas posibles y esta es una de ellas. Toño estuvo a favor del diálogo con las pandillas (2010), se pronunció contra la tregua (2012), declaró su apoyo a la tregua (2013) para volver estar en contra ya bajo la administración Perdomo en el Ministerio de Justicia. En las críticas ha hablado de estado fallido, de tregua mafiosa, responsabilizó a Mons. Colindres del asesinato de un colaborador suyo (Giovani) además de cargarse a Mijango y a Munguía Payés, siendo al mismo tiempo considerado en diversos momentos para integrarse en alguna parte del gabinete gubernamental. Es decir, el análisis crítico debe hacerse acompañar de cierta consistencia en el tiempo. Creería que el período más tranquilo a nivel de críticas fue cuando más cercano estuvo al poder, en el caso de Perdomo al frente del Ministerio de Justicia. Este es un elemento importante a la hora de hacer las valoraciones en cuanto a los delitos que se le imputan.
5. El delito de las asociaciones ilícitas es casi una delito genérico que imputan casi a quien sea por retenerlo y es el más difícil de probar. Sin embargo, ha servido para reprimir, detener y criminalizar a muchos jóvenes. Cualquier cosa puede ser asociación ilícita, pero casi nada es sostenible. El segundo delito, introducción de objetos en centros penales, normalmente se asume como delito de hecho... decir seis o doce meses después que se realizó es difícil de sostener y probar. El tercer delito es más un enigma: tráfico de influencia. Este requiere dos para bailar. ¿Quién es la contraparte como autoridad gubernamental con el que podría haberse consumado el ilícito? Este quizá sea la clave posible de interpretación del proceso.
6. Por tanto, hay muchos cabos sueltos y sectores diversos posibles de estar interesados en retener, palabra o acción de Toño. Quizá la documentación del proceso jurídico irá dando luz sobre algunas hipótesis. Lo que puede decirse es que debe haber elementos de peso, claves de análisis que desconocemos, como para que el ministerio público se lance al arresto, sin medir consecuencias y costos. Como se dice popularmente, “el que como cura revienta”, pero aquí parece que puede haber réditos mayores aunque los costos sean altos. O ha sido un error garrafal
Con todo, hay algunos elementos a nivel de tendencia sobre los que debe ponerse cuidado:
a. Los excesos del fiscal general. No puede llamar a nadie “traidor” aunque sólo sea una figura retórica. Viniendo del fiscal la expresión, hay que remitir el término a lo jurídico. La figura de traición sólo está en el Código Militar. Me parece totalmente inapropiado del fiscal que utilice esté término al ámbito civil. Son residuos de una visión autoritaria y militarista.
b. El uso indiscriminado de testigos criteriados. Al parecer, habría algún testigo criteriado en el caso de Toño, pero independientemente de ello, esta deber ser una práctica que de regularse y monitorearse más. No sería el primer caso de incriminación gratuita. En todo caso, el fiscal general ha sido el más férreo opositor de la “negociación con criminales” en el caso de la tregua. Pero, ¿acaso la presencia y testimonio de un criteriado no es producto precisamente de una negociación con alguien que está siendo procesado por un delito? Entonces ¿se puede o no se puede?
c. La criminalización del trabajo de prevención de la violencia. En consonancia con lo anterior hay un sector conservador y de visión estrecha que se opone al diálogo, en todas sus modalidades, cuando es un principio fundamental de la cultura de paz, promoviendo las medidas autoritarias y represivas ante el problema de la violencia. Criminaliza la violencia mirándola desde el enfoque de seguridad en vez de abrir más las ojos y caer en la cuenta que el problema de la violencia y las pandillas, antes de ser un problema delictivo, es un problema social y que por tanto requiere medidas sociales.


Y esta es una consecuencia a la que debemos poner mucha atención. Si trabajar por la paz, a través del diálogo, en la búsqueda de alternativas va a constitirse en delito perseguible para sólo quedar con la alternativa de la represión y el manodurismo, entonces sí que estaremos en serios problemas (como si no estuviésemos ya en serios problemas). La pregunta es ¿a quién le interesa que reine la represión, el autoritarismo y el manodurismo?